« Microsof(t)ía | Portada del weblog | Spam »
Junio 13, 2004
El público y uno mismo
Qué me parece importante en la relación con el público. Por qué quiere uno componer.
Contesto aquí un mensaje que he recibido. Oculto, por si le violenta, el nombre del remitente.
Hola, estimado Sr. Me ha parecido muy interesante su artículo sobre la música serial y la defensa de la música contemporánea. Soy compositor y, ciertamente, después de escribir 4 ó 5 obras tonales, uno se da cuenta de que el sistema está completamente desfasado. Opté por escribir música atonal (siguiendo, por cierto, los preceptos de un manualito de Julien Falk), y descubrí que sin texto ese tipo de música atonal libre carecía de coherencia, o , simplemente, trabajabas motívicamente.
Un primer comentario: los libros de técnica están para decir cómo hacer las cosas, pero es uno mismo quien decide qué quiere hacer. Efectivamente, averiguar como estructurar la obra para que contenga mecanismos de coherencia que no recurran al tratamiento motívico-temático ha sido, para mí, una de las mayores dificultades con las que me he encontrado. Parte de mis procedimientos al respecto se encuentran aquí. Pero muchos autores del XX y lo que va del XXI han encontrado sus respuestas, diferentes de la mía: composición con superficies, músicas de temporalidad congelada… Como cualquier otra técnica, el serialismo admite los recursos que uno quiera proporcionarle.
Indagué sobre el dodecafonismo, y compuse obras dodecafónicas estrictas, otras menos estrictas, pero me di cuenta de otra cosa, a medida que iba racionalizando más y más mi sistema de composición, a medida que me iba acercando a las tendencias más contemporáneas, el público, en general, y, por desgracia para mí, muy escaso, sentía menos apego hacia la obra.
Lamento leer esto. Con todo, creo que deben tenerse en cuenta varias cosas:
Mucha música contemporánea tiene una excelente acogida por parte del público. Cito los nombres, por ejemplo, de Crumb, Ligeti o Stockhausen.
Ni la recepción ni la cantidad de público son factores que realmente importen. Gran parte de la música de Haydn se compuso para audiencias menores que la cantidad de intérpretes que requieren. Y la música de Beethoven fue bastante mal recibida en su tiempo.
No cabe duda de que el contacto con el público es estimulante. Sin embargo buscar una recpción cálida por parte del mismo es algo que puede llegar a costar un precio muy alto: el abandono de lo que uno siente que debe decir.
Últimamente compongo música electrónica, por suerte, he conseguido un buen equipo informático y unos buenos sintetizadores y samplers con los que crear atmósferas y texturas electrónicas. La pregunta es: ¿Merece la pena buscar un sistema perfecto compositivo, mediante el cual engendrar infinitas obras como lo hacía el sistema tonal o atonal, si, a fin de cuentas, todo vendrá determinado por el márketing y la "publicidad" que consigamos a dar a a una determinada obra? Muchas gracias por su atención.
Pues sí. Uno compone, ante todo, para sí mismo. Ciertamente, si no se disfruta componiendo, es difícil que interese someterse a los esfuerzos que conlleva. Ciertamente el marketing da, frecuentemente,a obras que quizá no lo merezcan una relevancia que es excesiva. Y es cierto que ser un buen publicista de sí mismo lleva un tiempo que no puede dedicarse a componer. Pero estoy seguro de que si uno hace lo que cree, musicalmente, que debe, y lo hace bien, poco a poco irá apareciendo la parte del público que tiene afinidad con la música propia.
Enrique Blanco
Enviado por Carl Philip con fecha: Junio 13, 2004 03:59 PM

Post a comment