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Quaerendo invenietis

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Enero 30, 2005

Brahms con mechero

Muy a menudo la gente tiene una imagen distorsionada de cómo somos los músicos clásicos. Gente estirada, sibarita, incapaz de reaccionar humanamente como hacen otras personas frente a otras músicas.

Muy otra es la realidad.

El otro día, escuchaba Brahms con M, a la que por cierto, la sugerencia de Palimp de que era abreviatura de Mipichurri hizo gracia. Con todo, el apelativo era demasiado largo. Abreviarlo a "Mipi" parecía nombre de gato, y "Mipichu" parecía nombre de Pokemon. Hubo pues, Palimp, que desestimar tu propuesta.

El caso es que hacía dieciocho años que M y yo no escuchábamos música juntos. Y, en todo caso, nunca habíamos oído a la vez las Variaciones sobre un tema de Haendel, para piano. No estábamos en plan "escucha profunda". Comentábamos: "¡que maravilla de variación!", "¡pues anda que ésta!"…

Al final, según iba llegando alguna de nuestras favoritas, alzábamos y agitábamos el mechero encendido, como otra gente en otras circunstancias. Por cierto que la coincidencia en gustos fue casi total. Pocas veces he escuchado música con tal ternura.

Ésta es una de las "bellezas inmerecidas" a las que, en su momento, me referí. Creo una sección para vivencias de este tipo: hermosuras que uno no espera ni trabaja por ellas.

Como compensación por ser tan amables de leerme, aquí os dejo la posibilidad de escuchar esta obra. Hacerlo con mechero y compañía es opción vuestra, aunque, ciertamente, lo recomiendo.

Eso sí, mejor si conseguís una versión diferente, con piano de verdad y un buen intérprete. Quién —no sé quién es— secuenció estas variaciones hizo un trabajo digno, pero mejorable. Mucho.

Que la belleza os asalte, aunque sea a traición.

Enviado por Carl Philip con fecha 06:24 PM | Comments (8)

Preparando el curso de Valencia (1)

cds.jpg

Hace algunos años, después de la celebración de uno de mis cursos, uno de los asistentes se me acercó para pedirme los datos "del libro del que sacaba los cursillos". La anécdota sólo me parece equiparable a cuando me preguntaron que "de dónde había sacado el CD-ROM con todas las partituras". Inauguro así una nueva categoría, llamada "el libro de los cursillos", en la que hablaré, a veces, de preparación de clases. Desde luego, de este curso próximo pienso dar información gráfica abundante. A lo mejor a alguien le divierte.


Ahí arriba veis la pila de CDs, sólo de Takemitsu, que estoy estudiando para este curso. De hecho, faltan dos, pero no me pareció necesario repetir la foto. Ni que decir tiene que ni irán todos estos CDs ni dejarán de ir músicas de otros autores.

libros.jpg

Estos son los libros, de nuevo sólo los referidos a Takemitsu, que estoy estudiando. Cuatro son y parecerán pocos, pero son la totalidad de los libros sobre el compositor que no se encuentran en japonés, lengua que me duele confesar que no entiendo.

parts.jpg

Y esas son las partituras que he analizado/estoy analizando de nuestro autor. Ciertamente, aunque sólo fuera con propósitos de comparación, muchas habrá de otros autores.

sabana.jpg

Ésta es la que estaba encima de la pila. Los amigos que la han visto, la denominan "la sábana". Para propósitos de proporción, la partitura toca el suelo y la cosa negra que hay a la izquierda de la foto es mi pierna.

Ya os contaré más.

Enviado por Carl Philip con fecha 05:32 PM | Comments (7)

Curso sobre Takemitsu en Valencia

Me confirman la celebración del curso sobre Takemitsu en Valencia los días 12 y 13 de febrero (más información pulsando aquí). El plazo de matrícula acaba el día 1 de febrero.

Desde hoy hasta que haya acabado de impartir el curso, el ritmo de publicación en esta web va a bajar mucho, y los artículos de contenido más denso, hacerse esporádicos o tener que esperar hasta que concluya.

Si tengo lectores valencianos, sería para mí un placer tomar una cerveza con ellos, aunque estaré limitado por los horarios del curso. Si alguien está interesado, que deje por aquí un comentario.

Enviado por Carl Philip con fecha 04:16 PM | Comments (1)

Un feliz cumpleaños para la música universal

El día 28 de este mes, Luis de Pablo cumplió 75 años. Por una variedad de razones no me ha sido posible escribir en esta bitácora hasta hoy, pero ello no quiere decir que no celebre su cumpleaños: por el contrario, le tengo por una de las mayores glorias de la música española de todos los tiempos.

Tengo además la suerte inmensa de haber hablado con él varias veces y haber estado en su casa. Puedo deciros que es la persona más sabia, amable y buena del mundo, que su conversación es cautivante y sus conocimientos, ilimitados.

¡El más feliz de los cumpleaños, maestro! Cuantos más cumplas, con esa música increíble que haces, más felices nos harás a los demás.

Nuestro contertulio Carlos, (por cierto, ¿dónde estás?), tiene una bonita anécdota con nuestro querido compositor, que, posteriormente, ha tenido sus consecuencias.

Enviado por Carl Philip con fecha 04:02 PM | Comments (6)

Enero 26, 2005

La belleza inmerecida

A una obra que escribí hace años, la llamé La belleza inmerecida.

Males inmerecidos, padecemos muchos. Frecuentemente, casi de continuo.

A través de la distancia de los años y los kilómetros, a veces se dan reencuentros. La metáfora habitual es barcos que se cruzan en la noche. Esta vez, somos barcos que se cruzan en el día. Nos vemos. Sabemos la postal bonita que podríamos significar. Las esperanzas de futuro son pocas. Pero el presente hay que aprovecharlo.

Estoy nervioso. Mucho. Reorganizo mi casa pensando en que ella esté a gusto. Cosas que siempre quise, las compro ahora para tener la casa que a ella le pudiera gustar.

Saldrá bien. Saldrá mal. Pero habrá instantes de belleza auténtica. Belleza no buscada. Belleza por la que uno no ha hecho nada por que ocurra.

Belleza inmerecida.

Para la que ha provocado el artículo, un gran beso y más. Sí, será difícil, y evanescente. Lo que pueda ser, hagamos que se dé.

Más diría. Sé que quieres que no te oculte, y que quieres que se sepa que me siento así, y más me has dicho de ti. También sé que quieres tu intimidad y que me has asegurado que poco futuro hay. Aprovechemos el presente, y esta pasión que hay, convirtámosla en una belleza que, o no merecemos ninguno de los dos, o merecemos todos los humanos.

No quiero ser lírico ni quieres que sea lírico. Dejémonos llevar por las bellezas mutuas que podamos conseguir.

Para M

Enviado por Carl Philip con fecha 01:37 AM | Comments (18)

Enero 22, 2005

Cuentas g-mail y enigma fácil

Vuelvo a disponer de cuatro cuentas de g-mail (direcciones de correo electrónico gratuitas de Google, con un giga de capacidad) para regalar. A los cuatro primeros que las pidan, suyas son.

No obstante, y para dar un poco de interés al asunto, daré prioridad a la primera petición que responda esta pregunta:

¿Cómo podemos sumar tres cifras iguales, que no sean tres veintes, y obtener el número sesenta?

Doy, digamos, una semana de plazo antes de distribuir cuentas. Si antes de eso me habéis dejado una pista de que sabéis la respuesta o me la mandáis por e-mail, tenéis ventaja.

Actualización del 25 de enero

Aparentemente, google me ha dado una invitación más que compartir. Teniendo en cuenta que sigue vigente, hasta el viernes, que tendrán prioridad los solucionadores del enigma, si nadie más lo consigue el orden es, AM, que ahora se llama Heinrich, Ludwig, Emey, y el Señor de la secta del compás. Confirmad si las queréis o no. O solucionad el problema, que no es complejo. :-)

Enviado por Carl Philip con fecha 10:42 PM | Comments (43)

Enero 21, 2005

Simbología musical de Takemitsu (5a)

El mito australiano del Tiempo del Sueño. El Sueño y el Número en Takemitsu.

El Tiempo del Sueño

Los nativos australianos tienen un sorprendente mito: el del Tiempo del Sueño —también conocido como Alcheringa—. Correspondería a un periodo previo a la creación, en que los diversos dioses y espíritus enseñaron a humanos, animales y criaturas inanimadas cuáles deberían ser sus hábitos y comportamientos. Lo más sorprendente del mito es la idea de que ese tiempo no ha acabado, sino que de alguna forma transcurre en paralelo con nuestra existencia actual.

Muchas y hermosas leyendas transcurren en el Tiempo del Sueño. Aquí tenéis algunas (en inglés, lo siento).

Los aborígenes australianos también creen que cualquier objeto tocado por los espíritus muestra una traza residual de ese contacto. A esa traza se refieren como el Sueño. En la práctica, el Sueño puede acabar siendo toda la filosofía e ideología de una persona, animal o cosa.

Takemitsu, encantado por la idea, escribió una obra con el título de Dreamtime.

El sueño y el número

Mi interés en manipular números no está dirigido hacia la creación de teoría musical. Por el contrario, usando números quiero integrar la música con el mundo, real y cambiante. Por medio de los números quiero ver más claramente estas impredecibles, informes imágenes dentro de mí que, quizás preparadas por largo tiempo emergen súbitamente en un sueño. A través de la absoluta simplicidad de los números quiero clarificar las complejidades del sueño. Puesto que no soy matemático reacciono a los números de forma bastante instintiva, y siento que cuando se encaran instintivamente, los números se hacen más cosmológicos. Digo esto porque recientemente visité el Palacio Independiente Katsura en Kyoto. Allí se ven elementos numéricos. Por ejemplo, el tatami y el shoji estaban claramente planeados y construidos de acuerdo a un plan numérico. Es más, el plan se aprehende de una forma bastante instintiva. Quedé muy impresionado.

Esas relaciones se encuentran también en la música asiática. El ketchak indonesio y los tala indios son considerados por los foráneos como complejas estructuras numéricas, pero para los músicos nativos se practican instintivamente como ideas musicales universales. Para mí los números representan el color y la luz.

Toru Takemitsu en su artículo Dream and Number


El mundo simbólico de Takemitsu, su espacio mítico, está pletórico de dualidades; oriente y occidente, los árboles y la hierba, sonido y silencio. La manera del compositor de confrontarlas no es elegir entre una y otra. Tampoco establecer una síntesis. Por el contrario las hace interactuar en formas complejas buscando un espacio diferente al de la dicotomía.

Una de estas dualidades es la establecida entre Sueño y Número. El Sueño vendría a equivaler a lo informe —muy adecuadamente representado por el mito del Tiempo del Sueño, aunque Toru-san ya empleaba este simbolismo antes de conocer el mito—. El Número representaría lo definido, la creación de la forma. Los números serían los puntos cardinales de la brújula con la que el compositor navegaba el sueño.

Las utilizaciones de números elegidas para tal fin pueden relacionarse con los cabalismos más sencillos (se habló de cabalismo en música en esta bitácora aquí y aquí), tales como en Quatrain, donde el número 4 gobierna todo: cuatro instrumentos, frases de cuatro compases, intervalos de cuarta…, sin contar con que Takemitsu asocia además las cuatro estaciones, la rosa de los vientos y los cuadrados. Del mismo modo, en Orion and Pleiades, el tres representa las tres estrellas del cinturón de Orion, y el siete, la cantidad de estrellas en las Pléyades.

En otras ocasiones, la utilización será mucho más compleja. Quizá el caso más paradigmático sea el de la obra A Flock Descends into the Pentagonal Garden, que contaré brevemente en la próxima entrega y sobre la que prometo un futuro artículo con ejemplos musicales. Para que vayan abriendo boca:

takpr1.jpg

El retrato de arriba es el primero de los tres del Tríptico Takemitsu, de Pierre Delvincourt. es un artista representado por Connectworks, que permite el uso de la imagen mientras se les reconozcan todos los derechos. Reconocidos quedan. El artista se basó fuertemente en la obra de la que hablamos para su grabado.

Enviado por Carl Philip con fecha 05:14 PM | Comments (7)

Colaboración de Ludwig Jäger

avion1.jpg

Nuestro contertulio Ludwig Jäger me pide que publique estas fotos. En su email añade este comentario.

Mi padre dedica el tiempo libre a hacer avioncitos de estos y cual fue mi sorpresa cuando encontré en los extremos de las alas un anagrama que me resultó familiar. Ahora si lo estrello me dará mas pena aún.

avion2.jpg

Añadiré que, hace muchos años, yo también hice algo de aeromodelismo.

Enviado por Carl Philip con fecha 03:05 PM | Comments (13)

Enero 19, 2005

Carteles sorprendentes IV

quiennollora.jpg

Quién no llora, no mama, dicen. Con todo, la impresión que me deja ver este cartel es mixta: no sé si confiar en que el autor sea un espíritu noble, que espera que le regalen un saxofón carísimo, y además de la marca que él quiere, por fe en la generosidad del espíritu humano, o si pensar en que es un tanto caradura.

No oculto que ante la primera posibilidad me ha dado pena enmascarar su número de teléfono.

Y qué decir de la tipografía, claro.

Añadiré que, personalmente, hubiese añadido un "por favor" y no me habría expresado en imperativo. Así me va.

Enviado por Carl Philip con fecha 11:18 PM | Comments (21)

Enero 16, 2005

Simbología musical de Takemitsu (4b)

Mas simbologías naturales. Sonido y silencio. Árboles. Estrellas y constelaciones.

Sonido y silencio

Otros de los símbolos más notables para Takemitsu son el silencio, como expresión de la muerte y el sonido, que, como opuesto tiene que intentar igualar la profundidad de la vida —otra razón por la que el compositor no gusta de reglas prefijadas—. La música se convierte en la prueba de la propia existencia —de manera bastante literal en el caso de Takemitsu—. Cada sonido expresa la realidad, y, en esa medida, del mismo modo en que no podemos planificar la vida, no podemos planificar la música.

No es casual que uno de los libros en que se recopilan varios artículos del compositor se llame Confrontando el silencio-

Árboles

La significación de los árboles para nuestro compositor es múltiple: por un lado, como él mismo expresa hermosamente "los árboles transforman el tiempo en espacio", como queda implícito en los anillos anuales que podemos ver en un tronco. Las propias irregularidades sutiles de estos anillos resultan representativas del concepto del tiempo —siempre una obsesión para un músico— propio de su obra.

También resultan capaces de expresar el idealismo humano: se mantienen en pie impertérritos contra los estragos del tiempo, sin queja alguna.

Como alguna vez ya se ha dicho por aquí, los árboles representan además el individualismo occidental, en oposición a la música no occidental, que crece y se extiende como la hierba.

La individualidad propia de cada árbol, en piezas como Tree Line queda reflejada en perfiles melódicos siempre semejantes y siempre cambiantes. La voluntaria falta de temas contrastantes en estas piezas separa a Takemitsu claramente del punto de vista occidental.

Estrellas y constelaciones

Relacionadas con el ya comentado interés por la pluralidad de focos de sonido, nos encontramos con piezas basadas en constelaciones: Orion and Pleiades, Star-Isle, Cassiopeia… En ellas, normalmente, el sonido individual es menos importante que la urdimbre de los distintos elementos empleados. A este resultado conjunto Takemitsu lo denomina alturas armónicas.

En el próximo artículo hablaremos del sueño, el número y el mar.

Enviado por Carl Philip con fecha 04:25 PM | Comments (14)

Enero 15, 2005

El ingenioso hidalgo

Dentro de unos minutos, día 16 de enero, se cumplirán 400 años desde la primera edición del Quijote, que se hizo en Madrid.

He recordado esto a la luz del comentario en el artículo anterior de Son molinos, nick que creo razonable suponer quijotesco.

Mi mejor deseo de feliz aniversario al ingenioso hidalgo, que la lectura de mucho Torrente Ballester me hace pensar que no era tan lejano a don Alonso Quijano.

Un recuerdo a tantos músicos que han glosado su figura (triste): de Telemann a Ravel, de Richard Strauss a tantos otros, con mejor o peor fortuna.

Y, sobre todo: Son molinos, en el artículo anterior me hace una advertencia con su propio nick, y estoy seguro —sin el menor género de duda— de que es por mi bien y para que no me la juegue, y para que no desprecie lo muchísimo de bueno que tiene la teoría de la Logse. Mil gracias, mi quijotesco amigo de sanchopancesco alias.

G. K. Chesterton nos informa de que los cuentos de hadas son verídicos, no por decir que hay dragones, sino por enterarnos de que se les puede vencer. En ese mismo sentido, atacaré a los molinos y los llamaré gigantes. Hay que vencerlos y lograr que dejen de ser molinos y se conviertan en meros molinillos de café, mejor aún, sacapuntas, o mejor todavía, desaparezcan.

El apodo que durante años me pusieron mis alumnos, pensando que no me iba a enterar, es el de "el Quijote".

Con mi máxima gratitud —no dudes de ella, Son molinos—, me empeño en perseguir gigantes, a ver si les achico la estatura. Nunca seré digno de Dulcinea, ni siquiera de Aldonza Lorenzo, si no me comporto así. Más lástima es que ninguna Aldonza me espere. Pero hay que luchar por no permitir que los molinos se crean gigantes. Mi señora del Toboso, si existe y aparece, me comprenderá. A ella me encomiendo.

La gloria sea con ella y la desdicha con los molinos que, haciéndose pasar por colosos, quieren amedrentar al trigo. Que es tanto como decir a la gente de bien.

Enviado por Carl Philip con fecha 11:28 PM | Comments (13)

Enero 11, 2005

Intenso pesimismo

Espero que me agradezcan ustedes que no les explique el funcionamiento de la carrera de composición según la L.O.G.S.E. Créanme, hay cosas que es mejor que la humanidad no sepa, y no me refiero ni a vampiros, ni a la resurrección por medio de rayos de fragmentos de cadáveres recosidos. Frankenstein (el monstruo), junto con Igor, charlando sobre los flirteos de Drácula podrían haber elaborado algo más siniestro. Creo. O quizá no lo crea.

Lo peor es que, teóricamente, el plan es factible y hasta positivo. La parte mala es en la que los diversos profesores no necesitan coordinarse entre sí. Durante un periodo de casi nueve años, si contamos grado medio y superior.

Recientemente han venido a verme una plétora de exalumnos. Los que hayan enseñado quizá conozcan esa sensación ante un buen alumno. ¿Fui alguna vez tan joven? ¿Tan intelectualmente hermoso? ¿Tuve ese potencial? Es una sensación agradable. Si no sientes que has logrado que tu enseñando pueda superarte —otra cosa es ponérselo fácil, hay que seguir siempre aprendiendo—, poco impartes. Y es parte del proceso por el que los que fueron alumnos llegan a ser amigos.

Uno espera que estas joyas, cuando las hay, reciban siempre lo mejor. Pero son muchos ya los que han venido a verme con quejas amargas sobre lo que les están enseñando en el grado superior. Profesores hay que les hacen poner en pie y repetir: "sé que jamás estrenaré una obra". Que les dicen que el analizar la obra de otros autores es algo sin sentido. Que salirse de lo que dice "el libro" (como si no supieran que hay más de uno: quizá no lo sepan) es terreno baldío y baladí. Y que en todo caso, ellos no saben más que lo del (¿único?) libro que leyeron.

Una de mis exalumnas ha venido ya cosa de cinco veces a pedirme que le de clases: quiere aprender, no un título. Cuando la enseñé, era de las que con darle los índices, deducía todos los contenidos. Y alguna vez de las que vino le vi ojeras de las de sufrir intensamente por el tema de que no la enseñaban.

Otro de ellos me cuenta que durante casi un año le ha sostenido esta bitácora. Escaso sustento para alguien cuyos conocimientos técnicos rivalizan con los míos.

Algunos ya me han convencido y nos reunimos para ver obras y para que les enseñe algo. Con los otros, estoy casi convencido y caeré en breve.

Me tengo por un excelente profesor, pero no por el único ni el imprescindible. Me invade una profunda sensación de asco por el mal trato deliberado que veo que se está dando a gente valiosa en el conservatorio superior.

Necesito unos días para meditar qué hacer. Mi sentido mesiánico es nulo, pero no puedo dejar que gente maravillosa quede sin ayuda, si está en mi mano aportarla. Durante tres o cuatro días, o alguno más, aquí no habrá artículos nuevos, aunque leeré y contestaré los comentarios.

El intenso pesimismo del título se refiere a la viabilidad de los conservatorios si las cosas no mejoran.

Enviado por Carl Philip con fecha 11:05 PM | Comments (19)

Simbología musical de Takemitsu (4a)

Simbologías naturales: la idea del jardín japonés.

El jardín japonés

Uno de los símbolos mas presentes en Takemitsu es el del jardín japonés. Para el compositor, se distingue del occidental en que no rechaza la presencia humana, como sí lo hace por ejemplo la perfección geométrica de los jardines occidentales. El simbolismo se va a plantear a múltiples niveles. Por un lado es una instancia de la idea del autor de que una vida humana debe estar integrada en la naturaleza. La vida urbana, frenética y ebullente rechaza lo natural. Habría que buscar pues una forma de vida en que nuestra integración con la naturaleza fuera mayor.

Musicalmente eso le lleva a mostrar una desconfianza profunda por las estructuras formales predeterminadas y por las fórmulas funcionales de toda índole. Siendo constructos artificiales, no responden a la naturaleza del sonido, no son flexibles a las necesidades del momento.

Cuando una escucha el canto de un pájaro en una circunstancia natural, escucha otros ruidos naturales como teniendo la misma importancia. En un entorno natural, los ruidos no interfieren el acto de la escucha. Más bien, innumerables sonidos le ayudan a uno a escuchar realmente.

Establecer muchos puntos focales auditivos es una cara de la composición, y tratar de escuchar una voz en muchos sonidos es otra.

Primero entrégate a un simple acto de escucha. Sólo entonces entenderás el propósito de la música.

De aquí la increíble riqueza de la orquestación del autor. Cada sonido es único, formado por la acumulación de una serie de timbres individuales. También de aquí la nada infrecuente evolución de sonidos únicos que van modificando su timbre o intensidad. Y, por último, también por estas causas nos encontramos con que en muchas de sus obras Takemitsu superponga varios acontecimientos que suceden al mismo tiempo.

Otro aspecto en que la idea del jardín japonés influye al autor es en la forma musical. La tradición occidental está prácticamente siempre formada por obras de tipo narrativo y funcional, donde un acontecimiento es siempre consecuencia del anterior y causa del siguiente. Nuestro compositor prefiere la idea del paseo. Al igual que cuando una persona camina va viendo distintas cosas que no tienen por qué estar relacionadas entre sí, Takemitsu va creando momentos musicales, no necesariamente ligados, que vamos experimentando en nuestra escucha.

Esta idea aparece en muchas de sus obras, pero quizá la más clara sea Arco para piano y orquesta, donde lleva la metáfora hasta el extremo de que el piano solista representa al paseante y la orquesta, en diferentes agrupaciones, a la tierra, las rocas, la hierba y los árboles.

Enviado por Carl Philip con fecha 12:34 PM | Comments (3)

Enero 10, 2005

Alabanzas informáticas

Escribo este anuncio desde el ordenador nuevo que me han traído los Reyes —además de verdad: ha sido realmente un regalo—. Llegó hoy, pero lejos de mí el reprochar a sus majestades el retraso. Muy por el contrario: estoy encantado.

Uno tiene muchas quejas sobre el mundo informático. Justo es, por aquelllo de noblesse oblige, alabar lo que lo merece. Mi nueva máquina venía con una espléndida utilidad que, interconectando mi ordenador antiguo con el moderno, ha copiado cada cosa en su sitio, ha reinstalado en el nuevo todos los programas, y ha reconstruido todas mis personalizaciones. El trabajo que normalmente me lleva un par de días concentrado — uno ha cambiado de ordenador ya algunas veces—, se ha realizado automáticamente en una hora.

Programador desconocido, gracias. Ése es el camino que debería seguir la informática.

Enviado por Carl Philip con fecha 10:26 PM | Comments (12)

Enero 09, 2005

Simbología musical de Takemitsu (3)

Sobre la distancia entre lo occidental y lo oriental como símbolos inspiradores para el compositor.

Japón, occidente y otras culturas

Según pudimos ver en Prólogo a Takemitsu, el comienzo de la vida musical del autor estuvo marcado por la influencia occidental y el rechazo de lo japonés. Sólo este extrañamiento de su propia tradición le hace en su momento poder valorarla apropiadamente. Y el conocimiento de ambas influencias le hace consciente de la existencia del mundo exterior y de muchas más otras. Occidente y Japón se convierten así en símbolos de maneras de hacer y plantear la música, como vamos a ver inmediatamente.

Esta polaridad entre lo oriental y lo occidental es ejemplo típico de muchos de los símbolos takemitsianos: una dicotomía de la que él escapa no optando por uno u otro extremo, sino buscando algo diferente.

Así, por ejemplo, si examinamos música de otros autores japoneses de la época, podemos observar que, en gran medida, lo que hacen es música occidental, a veces con instrumentos japoneses (no hay gran diferencia profunda entre un concierto para piano y orquesta y uno para koto y orquesta), lo que supone una desnaturalización de los mismos y poco avance en la tradición occidental.

Takemitsu hace exactamente lo contrario: indaga en la naturaleza del instrumento japonés —que no en la tradición del mismo— y la opone a lo occidental. Busca un sentido de extrañamiento mutuo del que pueda salir algo nuevo. Ejemplos excelentes de ello los tenemos en la obra November steps, donde shakuhachi y biwa se oponen con éxito a una orquesta occidental.

Hablando de esta obra, llegamos a otra de las ideas que subyacen a mucha música del autor. Se estrenó en Estados Unidos. Los intérpretes de shakuhachi y biwa, tras el viaje, vieron como el cambio de temperatura y ambiente afectaba a sus instrumentos, hasta el punto de intentar salvarlos envolviéndolos en hojas de lechuga. Esto le dio a Takemitsu la idea de que, al igual que con los instrumentos, existen músicas transportables y no transportables. Las últimas serían aquellas que requieren de la pertenencia a una cultura concreta para ser apreciadas y disfrutadas. Las primeras, aquellas que en alguna forma se han universalizado, no adaptándose a un patrón externo —lo occidental— sino logrando de alguna manera autoexplicarse.

Estoy fascinado por la distribución sobre la tierra de la flora, especialmente los árboles, La distribución del eucaliptus australiano, por ejemplo, es interesante. Mi interés comenzó cuando, para mi sorpresa, me enteré de que una especie sólo puede crecer en un área limitada. Fuera de esa área, cruzando el mar desarrolla subespecies y eventualmente toma una forma y patrón de crecimiento diferentes de los originales. La historia resulta similar a la de la Diáspora de los judíos. En general, el tema de la aculturación me interesa realmente.


Por idénticas razones, el autor establece una dicotomía —muy presente en los títulos de sus obras— entre árboles y hierba. Los primeros representan al compositor de tipo occidental, que se destaca entre lo que le rodea como figura única. La hierba representa la música tradicional, transmitida oralmente y donde no encontramos autores que sobresalgan unos sobre otros. Esto se entremezcla con el concepto de naturaleza, del que hablaremos en el próximo artículo.

Enviado por Carl Philip con fecha 03:55 PM | Comments (6)

Enero 08, 2005

Palimp VI (y2)

Palimp, no conforme con haber dado solución a un difícil enigma, nos da pistas para crear nuestras propias soluciones.

Palimp me ha mandado dos listas de palabras relacionadas con el enigma al que aludíamos en un artículo anterior. Como no se puede consentir que esta cantidad de trabajo quede desconocida, aquí las tenéis.

La primera es una lista de palabras que al ponerles un espejo por debajo dan la misma palabra.

BEBIDO
BEOCIO
BEODO
BICHO
BIOXIDO
BOBO
BOCHE
BOCIO
BODE
BOE
BOHIO
BOXEO
CEBICHE
CEBO
CECEO
CECI
CEDICIO
CEDO
CEIBO
CEO
CHE
CHECO
CHICHEO
CHICHO
CHICO
CHO
CHOCHO
CHOCO
CIBI
CIBO
CID
CO
COCCIDO
COCCIX
CODICE
COBO
COCCIDIO
COCE
COCHE
COCHI
COCHIO
COCHO
COCIDO
COCO
COCO
CODEO
CODO
COHECHO
COHOBO
COIDO
COK
COXCOX
DE
DEBDO
DEBE
DEBIDO
DEBO
DEDEO
DEDO
DEICIDIO
DEO
DI
DI
DICHO
DIECIOCHO
DIOICO
DIX
DO
DOCE
EXODO
ECO
ECOICO
EH
EXCIDIO
HE
HECHO
HEDO
HI
HI
HIOIDEO
HOBO
HOCE
HOCICO
IBICE
ICHO
IDEO
O
OBICE
OXIDO
OBOE
OC
OCHO
OCIO
ODIO
OH
OIDIO
OIDO
OX
OXE
XI

La segunda, palabras que con un espejo por debajo darían un término diferente. Aquí es más útil que estén en minúsculas, y a poder ser, el empleo de una tipografía un poco ornamental.

pello===>bello
pez===>bes
peso===>bezo
pi===>bi
pisco===>bizco
ple===>ble
poleo===>boleo
pollo===>bollo
polo===>bolo
poso===>bozo
poso===>bozo
cepo===>cebo
hopo===>hobo
elfo===>ello
fe===>le
techo===>lecho
feto===>lelo
feo===>leo
unto===>nulo
topo===>lobo
bizco===>pisco
boleo===>poleo
bollo===>pollo
boto===>polo
bolo===>polo
aneto===>vuelo

¡Menuda fiera nuestro Palimp!

Y tanto más cuanto que me he dado cuenta de que su solución a la metáfora visual del canon X de los 14 sobre el bajo de las Goldberg es más perfecta de lo que noté en principio. Como ese canon, cada parte por separado (vuelo loco/ aneto toco) tiene sentido, pero el conjunto completo también. (Vuelo loco, Aneto toco).


Como ínfima recompensa, ahí va su nombre sometido a otra simetría, la del giro de 180 grados

palimp.jpg

Tal y como la produce el Ambigram.matic

Enviado por Carl Philip con fecha 08:29 PM | Comments (6)

Simbología musical de Takemitsu (2)

Presentación del concepto de “espacio mítico” como una de las caracterísiticas de muchas obras recientes, sea como producción o como estímulo a la misma. Levísima —y algo frustrante— alusión a cómo se aplica a Takemitsu.

El simbolismo musical en Takemitsu me parece mucho más necesario para comprender su obra y personalidad que en el caso de otros autores. El último paso que debemos dar antes de que una enumeración de sus símbolos tengan sentido es el hablar de un concepto al que voy a denominar espacios míticos.

Espacios míticos

Durante el siglo XX se ha producido un fenómeno en todas las artes, y en todos los niveles de las mismas consistente en la pérdida de la unicidad como característica deseable para la obra.

Uno de los comentarios más frecuentes sobre las obras recientes es que cada una intenta ser distinta de las otras, en búsqueda de originalidad. Quizá sea cierto en algunos casos —muchos menos de los que se cree—. Sin embargo, una de las cosas que más verdad son en las artes es que lo que se puede usar para una finalidad, se puede automáticamente emplear para la contraria —sabiendo cómo—. Resulta pues inevitable que junto a este impulso se haya producido el inverso: el de obras que apuntan a un trasfondo de mayor amplitud. Voy a realizar un pequeño recorrido en algunas artes de este fenómeno, aludiendo lo menos posible a obras concretas salvo cuando resulte preciso por claridad: no intento una valoración de casos específicos.

Comencemos por un ejemplo archiconocido: la obra de Tolkien. No encontramos aquí que cada libro esté ambientado en sitio y época diferentes, ni que los personajes sean únicos para cada libro. Encontramos, muy al contrario, que Tolkien crea un universo de rango muy superior, en amplitud y profundidad, al que podría recorrerse en un solo libro, aunque fuera largo. Incluso su empeño sobrepasa los límites de lo literario e ilustra su mundo gráficamente. Incluso explora cómo podría darse una lingüística creíble en ese cosmos. Lejos de intentar una obra única, lo que crea es un espacio en que muchas puedan tener cabida. La obra como tal pierde su carácter único para convertirse en una mirada desde un ángulo concreto a un objeto que, observado desde diferente enfoque en otro momento, dará una obra diferente.

No es caso único. Joyce elaboró también para sus obras algo de estas características. Es además evidente como las estanterías de las librerías están cada vez más llenas de trilogías, cómo cada vez los libros son más largos. Quizá empieza a darse la necesidad no de que a uno le cuenten una historia, sino de que le lleven a experimentar un mundo.

En el campo de lo audiovisual, es claro que las interminables telenovelas carecen por completo de realidad. Son más bien un espacio del mismo tipo, en que interactúan entes de acuerdo con las leyes inherentes a ese espacio. En el campo cinematográfico, está de más decir que la creciente proliferación de trilogías, dobles trilogías, segundas y terceras partes de películas que nunca se pensó en que tuvieran continuidad, obedecen al mismo tipo de impulso.

En las artes plásticas, es cada vez más común no realizar obras únicas, sino series de obras relacionadas.

Bien puede argumentarse que el fenómeno no es de nuevo cuño: a lo largo de la historia cualquier manifestación que haya hecho uso de elementos mitológicos se mueve en un espacio de este tipo. Ninguna narración de las desventuras de Edipo acabará de darnos la verdad del personaje. Jamás se contarán todas los amores de Rada y Krishna, favorecidos por las gopis. Entre historias que por sí solas han alcanzado llegar a lo mítico, las consecuencias de los pactos de Fausto serán tan interesantes en manos de Marlowe como en las de Goethe o Mann.

Que es lo que me ha llevado a elegir el nombre de espacio mítico para este fenómeno. Bien podría haberlo llamado arquetípico, conceptual o contextual, pero puestos a elegir, prefiero relacionarlo con sus manifestaciones más antiguas. Además, una característica inherente al mito es que descienda de varias fuentes, causando que en diversas obras los mismos elementos puedan tener características diferentes —lo que resulta necesario para poder contar más historias o versiones distintas—. Así el zascandil Zeus, atormentado por su lujuria y los celos de su esposa, es también el poderosísimo dios capaz de vencer a todo el resto del panteón olímpico con una sola mano. Odín, señor de la horca, cuyo caballo de ocho patas representa las piernas de los cuatro portadores del cadáver del ahorcado, resulta también ser el señor de los que se oponen al Ragnarok —el fin del mundo—. Lanzarote —el mejor caballero del mundo— será vencido una y otra vez, pues la cualidad de ser el mejor caballero no siempre le acompaña.

La utilización en los últimos tiempos de espacios míticos presenta dos cualidades interesantes. La primera es que tales espacios se entremezclan. Narraciones en que Sherlock Holmes investiga los crímenes de Drácula son tan frecuentes como historias de Jack el destripador viajando en nave espacial. Esta situación no es completamente nueva: es afín a lo que sabemos de la Roma antigua, donde el culto al pabellón olímpico no excluía, por ejemplo, a Isis.

La segunda y más interesante es que ahora esos espacios míticos son obra de autores únicos, en lugar de producto colectivo. Algo hay en lo mitológico que atrae la autoría compartida, sin embargo, lo que posiblemente explique el auge del "fanfic" (ficciones sobre universos de este tipo creadas por sus fans) o de las peticiones a escritores para que desarrollen obras en marcos creados por otros autores.

Habría cosas que concretar como que ningún espacio mítico alcanza el éxito sin resonar con actitudes profundas, y que precisamente esa resonancia es lo que hace que lo mítico no necesite relacionarse con lo religioso, pero no es este el espacio adecuado para ello.

Lo es en cambio para decir que esos espacios pueden, a veces, ser sólo el motivador para la composición de obras, sin que el autor considere necesario hacerlos explícitos.

El mar en Takemitsu: primera aproximación

Durante toda su vida, con especial énfasis en sus últimos años, Takemitsu vive —metafóricamente— en uno de estos espacios. Símbolos, a veces con reflejo musical explícito, otras sirviendo tan sólo de impulso motivador, recorren una y otra vez diversas obras. No es tanto un gusto por la autocita como una muy reconocible sensación de que se desea reexplorar un paisaje conocido. E incluso comparte la idea de poder emplear con eficacia citas ajenas (Debussy y Bach, por ejemplo).

En Prólogo para Takemitsu os contaba como entre las últimas palabras del compositor estuvieron:

“Reganaré fuerzas como una ballena,
¡Y nadaré en el océano que no tiene Oeste ni Este!”

El simbolismo del mar como un espacio entre el Oriente y Occidente, no algo que les une, no algo que está en medio, sino un lugar independiente, es el más complejo de todos los que vamos a explorar, por lo que lo dejaremos entre los últimos. Sin embargo le cito aquí porque sólo a la luz de la idea de que casi todo lo que vamos a explorar tiene que ver con este concepto cobrarán todos los otros su correcto sentido.

Takemitsu explora su identidad como un autor que no pretende ser ni occidental ni oriental dentro de este mar. Sus símbolos le sirven de referencia para ello, tal como —otro símbolo del que hablaremos— los números le sirven de guía entre sus sueños.

En el próximo artículo de la serie nos centraremos ya en el compositor.

Enviado por Carl Philip con fecha 07:37 PM | Comments (1)

Enero 06, 2005

Simbología musical de Takemitsu (n)

Explicación del extraño número en el título. Comentarios sobre la diferencia entre símbolo y significado. El símbolo para los autores. Miscelánea.

El título del artículo

Como habréis notado, he numerado este artículo con la letra n, aunque la lógica exigiría que fuese con un vistoso número 2. El caso es que por los comentarios mandados, he notado que hacía falta hablar de una serie de conceptos, muchos relacionados con lo simbólico, que podrían haber venido antes del artículo anterior o después del último. Así que cada quién haga equivaler n al número que le parezca más pertinente.

Símbolo y significado: el público

Algunas de vuestras aportaciones en el artículo anterior parecen entender que el símbolo debe tener un significado concreto. No es así. Tal como decía la cita de Cordwainer Smith, el símbolo debe despertar significados que dependen de la experiencia vital propia.

Me vais a permitir que lo ejemplifique empleando uno de los tres poemas de amor más hermosos que conozco.

Had I the heavens' embroidered cloths,
Enwrought with golden and silver light,
The blue and the dim and the dark cloths
Of night and light and the half light,
I would spread the cloths under your feet:
But I, being poor, have only my dreams;
I have spread my dreams under your feet;
Tread softly because you tread on my dreams

Traducido

Si tuviera los bordados tapices del cielo,
Tramados con luz dorada y plateada,
El azul y lo tenue y los oscuros tapices
De noche, luz y penumbra,
Extendería los tapices bajo tus pies:
Pero yo, que soy pobre, sólo tengo mis sueños;
He extendido mis sueños bajo tus pies;
Camina con cuidado porque caminas sobre mis sueños

William Butler Yeats: Él [el poeta]desea los tapices del cielo


Explicar significados de un texto siempre me pareció reducir su contenido. Vamos a ver qué se puede hacer para evitarlo.

¿Qué son los tapices del cielo? Algo, parece, inconmensurablemente rico, variado y deseable. Algo además, que por aquello de ser una metáfora, no puede tenerse.

El enamoradísimo: ¿Habéis amado? ¿Recordáis esa sensación de querer todo para la otra persona? ¿De desear poder modificar la realidad, el pasado y las leyes de la física para bien de la otra persona? Eso son los tapices del cielo.

El enamorado casual: ¿Habéis amado? ¿Habéis considerado la posibilidad de cambiar vuestro domicilio por la otra persona? ¿De dejar, incluso, de comer fabada sólo por amor? Eso son los tapices del cielo.

El informático recalcitrante: ¿Habéis amado? ¿Recordáis esos momentos en que uno accedería incluso a programar en BASIC? ¿O, incluso, a cambiar de sistema operativo y tener una máquina menos potente? Eso son los tapices del cielo.

El que nunca amó: Posiblemente, si la otra persona lo mereciese, algún sacrificio acordado de mutuo acuerdo estaría bien. Eso deben ser los tapices del cielo.

Qué cosa representen los tapices del cielo depende por completo de la persona que reciba el poema, de su experiencia e imaginación. Yeats, simplemente, construye un símbolo al que da suficiente énfasis como para poder despertar vívidas asociaciones en el oyente. Son un símbolo, y están por ello salvos de necesitar significado concreto, que, por otro lado, destruiría el poema.

Símbolo y significado: el autor

Por otra parte, hay símbolos que son propios del autor, que sólo a él despiertan asociaciones y que sirve simplemente (¡simplemente!) para centrar la expresión deseada para la obra. Podría poner como ejemplo la Dama Oscura de los sonetos de Shakespeare (o la no tan desconocida Belle Dame sans Merci, de Keats y tantos otros), pero vamos a buscar en esta ocasión un ejemplo de otra disciplina. Curiosamente, la música, claro.

Los mejores ejemplos —o al menos los que tengo más próximos— son de Takemitsu, pero es preferible reservarlos para un próximo artículo, así que hablemos un poco del Jardín del sueño de amor, de Messiaen, en su sinfonía Turangalîla.

Turangalîla es una de las escasas tres obras de Messiaen que celebran el amor humano en contraposición al divino, llamadas normalmente el ciclo de Tristán e Isolda. La idea que subyace tras este sexto movimiento es que amado y amada duermen abrazados en el jardín, tan compenetrados que, por momentos, no saben quién es él ni quién es ella. Messiaen emplea para ello muchos de los símbolos que le son propios —los tecnicismos musicales que siguen no van a ser indispensables para entender el argumento—: una armadura de clave de seis sostenidos para los instrumentos que representan a Tristán e Isolda trascendidos, armadura sin alteraciones y cantidades ingentes de pájaros para representar la naturaleza (el jardín), y todo tipo de los recursos rítmicos mas amados por el maestro. El resultado es una de las músicas más maravillosas imaginables.

Los símbolos aludidos no son perceptibles en la escucha —al menos no la mayoría—. De hecho, la armadura de clave de seis sostenidos es ineficiente: de forma constante Messiaen necesita introducir cancelaciones de alteración, así como introducir gran cantidad de alteraciones en la parte de la naturaleza. Eso, si tomamos como única consideración la facilidad de lectura. Sin embargo, el extraordinario efecto de la obra revela que el uso de esos símbolos ha sido inspirador para la composición. Resulta, por lo mismo, más que adecuado, necesario.

Este tipo de símbolos son no ya privados, sino por completo alógicos. Cada autor tiene las asociaciones privadas que le han deparado su experiencia y emociones. En este sentido, el significado del símbolo es arbitrario. Sin embargo, asumiendo que el autor sea bueno, este tipo de simbolización siempre funciona. La clave está en que despierta en el autor las resonancias adecuadas, y por ello encuentra los medios para la expresión.

Consideraciones varias, de menor importancia, y que, por referirse a detalles en los comentarios pueden ser obviadas. Háganme ustedes caso y no las lean, salvo que asuman que no tienen gran relación con lo recientemente tratado

Creo que es el título más largo que escribí nunca. Bueno, al grano.

Historicidad: uno de los comentarios que más me extrañaron es en el que se dice que faltan conocimientos de historia de la música como para entender todo. Me resulta raro, todos los ejemplos referidos me parecen autoexplicativos. Quizá, sin embargo, convenga aquí explicar algo, por si a alguien le resulta preciso. El mito de Orfeo es eso, un mito, no es histórico. La santa LOGSE, nunca suficientemente bien ponderada, ha producido una carencia en ese tipo de conocimientos. De las varias veces en que me encontrado con esta duda, la más entrañable fue hace tres años, cuando uno de los más excelentes alumnos que he tenido me preguntaba por qué no quedaban partituras de Orfeo. Estoy casi seguro de que no le convencí.

Simbologías; ningún arte, minimalismo incluido y pintura abstracta incluidos escapa al uso de símbolos. Cosa diferente es que escapen al uso de significados o relatos. Por lo mismo, es atinado el comentar que expresividad y simbología son cosas diferentes.

Extensión de los comentarios: en vista de que hasta el momento no me he quejado nunca de la longitud de ningún comentario, encuentro innecesario que os disculpéis cuando os explayáis un poco —eso además, alarga aún más el comentario—. En casos en que la longitud os resulte seriamente preocupante, lo mejor es que dividáis el contenido entre varios comentarios consecutivos, más que nada, por comodidad del lector.

Ave atque vale.

Enviado por Carl Philip con fecha 05:01 PM | Comments (9)

Enero 05, 2005

Palimp VI

La solución de Palimp a un enigma planteado en la serie de los cánones sobre el bajo de las Goldberg.

En el tercer artículo sobre los catorce cánones sobre el bajo de las Goldberg, escribí:

En esta ocasión no he puesto una analogía visual porque he supuesto que os agradaría buscarla vosotros. Habría que encontrar dos palabras que, superpuestas la una a la otra tuvieran un significado, y al ponerles un espejo por debajo, otro distinto. ¿Alguien se anima?

Pensaba que a nadie le llamó la atención, pero se me olvidaba lo peligroso —en el buen sentido de la palabra— que es nuestro contertulio Palimp.

Sí, efectivamente, ha dado con una solución. Cito literalmente:

Llevo más de un mes intentando sacar tiempo para esa 'sugerencia' que propusiste cuando los canones; dos palabras que, con un espejo por debajo, significaran otra cosa. No era fácil. Como nunca lo encuentro me decido a mandarte estos mínimos resultados porque si no no los enviaré nunca.

Y aunque me guste el marisco (espejo1) y alguna vez lo acompañe de ribeiro, acabando mal (espejo2) entiendo que se buscaban significados diferentes. Aunque algo surrealista, me gusta el vuelo sin motor rumbo al Aneto (Aneto).

espejo1.gif

espejo2.gif

ANETO.gif

No conforme con su éxito, en un mail posterior apunta a una generalización de posibles soluciones.

Me da pena que no haya podido investigar más, porque hay combinaciones prometedoras, pero como te decía en el otro mail, nunca encuentro tiempo y al final si no te mando ésta, no te mando ninguna. Un pollo se puede transformar en un bollo, poleo en boleo, cepo en cebo, un topo en un lobo, unto en nulo (¿unto bollo, nulo pollo?, ¿topo cebo, lobo cepo?), y si lo mezclamos con las simétricas pueden dar juego. Si te interesa te mando las listas de palabras.

Bueno, enhorabuena para Palimp. Estoy por regalarle un "zapatomovil" como premio.

Enviado por Carl Philip con fecha 06:04 PM | Comments (6)

Enero 04, 2005

Simbología musical de Takemitsu (1)

Preliminares. Necesidad de símbolos en el arte. Tipos de símbolos, con ejemplos no musicales. Brevísima aproximación a la simbología en música, como preparación a un próximo artículo en que nos centraremos en los símbolos takemitsianos.

A la hora de comprender la música de Takemitsu, es importante entender el papel de los símbolos en la misma. Comencemos por explorar brevemente su cometido en el arte en general.

Símbolos en el arte

Todo lo que puedo hacer es trabajar los símbolos. La magia y la belleza llegarán de tu propio pasado, de tu presente, de tus esperanzas y de tus experiencias.

Cordwainer Smith (seudónimo de Paul Linebarger)

Esta cita resume de forma muy adecuada el papel de la simbología en las artes. Dado que la comunicación exacta de qué pretende un artista es imposible, tenemos que hacer uso de elementos compartidos por la audiencia para poder alcanzar una comprensión suficiente. Cada uno de estos elementos, para cada persona que acceda a ellos, estará mediatizado por su experiencia personal del mismo.

Tomemos, con ayuda de Borges, un caso extremo: las kenningar.

El aniquilador de la prole de los gigantes
Quebró al fuerte bisonte de la pradera de la gaviota
Así los dioses, mientras el guardián de la campana se lamentaba,
Destrozaron el halcón de la ribera.
De poco le valió el rey de los griegos
Al caballo que corre por arrecifes.

Las kenningar son un recurso de la poesía islandesa de alrededor del año 100. En el ejemplo que acabamos de ver, es claro que se nos escapan una serie de significados, por no disponer de experiencia suficiente con la simbología implicada.

El conocimiento de que el aniquilador de la prole de los gigantes es Thor; el guardián de la campana, un sacerdote; el rey de los griegos, Jesucristo; y que el bisonte de la pradera de la gaviota, el halcón de la ribera y el caballo que corre por arrecifes, un barco, nos permiten entender el contenido:
Thor destrozó un barco cristiano mientras un sacerdote se lamentaba.

Casos menos extremos —o quizá simplemente menos ajenos a nuestra experiencia— los encontramos continuamente. Miles son los cuadros que se valen de la crucifixión o de figuras mitológicas para transmitir su mensaje. Miles los libros que emplean desde vampiros a señores oscuros como encarnación del mal.

Aunque el tema tiene gran interés, vamos, por el momento, a dejarlo aquí.

Tipos de símbolos

Podríamos dividir en dos los tipos de símbolos empleados en las artes:

  1. Los que se relacionan con significados potencialmente en conocimiento de la audiencia. Los llamaremos universales.
  2. Los que pertenecen al mundo privado del artista, que, incluso si los hace explícitos, va a depender de la complicidad del público para intentar entenderlos. Los llamaremos privados

Símbolos del primer tipo están presentes en todas las artes, notablemente en las visuales.

Pongamos por caso este cuadro de Jean Delville: Orfeo.

Orfeo-delville.jpg

Incluso sin saber el título del cuadro, su potente simbolismo nos indica cuanto necesitamos: la lira nos indica que la cabeza pertenece a un músico. Músicos decapitados cuya cabeza fuera arrojada a las aguas, sólo conocemos uno: Orfeo tras ser desmembrado por las ménades. La serenidad del rostro tras asesinato tan violento —uno de los detalles más tristes de esa pintura— nos hablan de la paz, casi del deseo de muerte de Orfeo tras perder a Eurídice.

Símbolos del segundo tipo son también frecuentes:

Infierno-bosco.jpg

Aquí vemos un fragmento del Tríptico de las delicias, del Bosco, concretamente el conocido como El infierno musical. Es obvio que se está castigando a gente y que hay una relación con la música, pero no el motivo, la razón. ¿Se castiga así a la gente que en vida escuchó música lasciva? ¿Se representa a los músicos que se han integrado tanto con su instrumento que han olvidado cuál es la razón para tocarlo —y por extensión, a la gente que se ha instrumentalizado y ha perdido de vista el objetivo—? Esas y otras interpretaciones tiene. No cabe duda de que el Bosco pretendía en gran parte —salvando los significados alquímicos que los iniciados conocerían— que el significado lo pusiéramos nosotros.

Símbolos en música

La música, por su naturaleza de lenguaje que elude contenidos concretos, es quizá más rica en simbolismos privados que universales.

Algunos ejemplos de símbolos más o menos universales serían los miles de imitaciones del canto del cuco, La gallina de Rameau, todos los pájaros de la obra de Messiaen, Los gritos de París, de Janequin, las innumerables referencias al agua por medio de arpegios…

Mucho más frecuentes son los del segundo tipo: los cabalismos numéricos de todo tipo en la obra de Bach, la asociación mozartiana de Mi bemol mayor y La mayor con la trinidad (ambas tonalidades tienen tres alteraciones), el minueto sobre el nombre de Haydn de Ravel, toda equivalencia de letras con notas y/o duraciones, los leit-motivs…

En el siguiente artículo exploraremos los símbolos de Takemitsu, que son, casi siempre, privados.

Enviado por Carl Philip con fecha 05:19 PM | Comments (15)

Anuncio bartokiano

Queridos lectores, como en el presente momento me encuentro muy ocupado preparando mi cursillo sobre Takemitsu, que impartiré a mediados de febrero, me veo obligado a suspender temporalmente la serie de artículos sobre Bartók. Tened la certeza de que volverán tan pronto como me sea posible.

Entretanto, aparte de artículos sin grandes profundidades, iré poniendo por aquí reflexiones sobre los estudios que voy haciendo sobre Takemitsu, y alguna parte del material que voy generando. Por ejemplo, el próximo artículo explicará cosas acerca del uso se símbolos en la música y otras artes, como forma de hacer explícito el porqué de los símbolos takemisianos, antes de proporcionar lista y significado de los mismos —que veréis en otro u otros artículos—.

Confío en que a nadie se causen molestias con esta medida.

Enviado por Carl Philip con fecha 05:18 PM | Comments (1)

Enero 01, 2005

Juguetes que deseducan

zapato.jpg

Pues es, quizá, apropiado, que el primer artículo del año tenga un tono más ligero de lo acostumbrado. En la foto podéis apreciar un juguete encontrado en un todo a cien del Paseo de la Florida, en Madrid: un coche para muñecas con forma de zapato femenino con tacón vertiginoso.

En la foto de abajo, veréis la foto de la caja en que venía: la diferencia es que ahora lo veis con muñeca dentro. Y que además podéis leer el nombre que le dan: beautiful car, coche hermoso.

caja.jpg

¿Es cosa mía o el juguetito en cuestión perpetúa roles sexuales, es un tanto fetichista y puede conducir a serios problemas futuros en los pies de las niñas que jueguen con él?

Enviado por Carl Philip con fecha 06:19 PM | Comments (18)

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