« Diciembre 2006 | Portada del weblog | Febrero 2007 »
Enero 29, 2007
Crónicas zamoranas 4
Viaje nuevo, crónica zamorana nueva. Como, según Cuñi, que ha solicitado en forma específica ser nombrada, parece que he estado en los últimos artículos algo severo, veamos si adulciguo un poco el tono.
Cuando vivía en Madrid, disponía, como es de suponer, de mi biblioteca, con sus libros y partituras, mi equipo de música y de algunas comodidades más. Ahora, acrecentadas en lo físico y, sobre todo, en lo personal, se hallan en Zamora, y en la capital dispongo de bastante menos entretenimiento. Todo lo cual resulta una forma excesivamente larga de decir que mis estadías madrileñas me resultan ahora aburridas, y que he acabado por aficionarme a leer varios de los periódicos gratuitos que allí se distribuyen.
A la prensa regional zamorana (La Opinión de Zamora, pues otros diarios abarcan toda la comunidad autónoma), me aficioné hace ya tiempo. Cosa de saber dónde me metía. Y el gusto por los diarios de gran tirada lo perdí hace años.
Acabo de terminar de leer el diario zamorano y observo una analogía con los gratuitos de Madrid. En primer lugar una escritura más rica y variada, causada acaso por la posible ausencia de un libro de estilo -buen momento, por cierto, para decir que la redacción zamorana es muy superior a la que encuentra en prensa general, y, desde luego a la de los mentados diarios gratuitos, que afean a veces su riqueza con torpeza de expresión-.
Pero sobre todo debo decir que la temática deestos diarios me interesa más. Allá donde un periódico de altos vuelos solo trataría un tema local en páginas interiores, y con poco espacio, un diario pequeño lo puede poner como tema de portada. Tomemos como ejemplo los recientes inmensos problemas del metro de Madrid. Pocos no madrileños se habrán enterado de ellos, y son, sin embargo problemas que afectan varias veces al día a millones de usuarios. Quedan sin embargo enmascarados por temas de un presunto interés general que a veces poco pueden interesar a nadie.
Y poco frecuente parece también que la prensa se implique en temas de gran importancia, tales como los recientes conflictos en Alcorcón. ¡Cómo me hubiera gustado ver un llamamiento a la calma, la solidaridad y en contra de la xenofobia, en las portadas de los periódicos! Y no creo que eso perjudicara la imparcialidad y rigor periodísticos, pues, además de que cada diario tiene su línea definida, existen las columnas de opinión y los editoriales, que podrán, supongo, ser maquetados en portada en ocasiones especiales. Ojalá no nos toque ver en su lugar estos disturbios reproducidos en toda España como noticia de interés general.
Servir a todos es, a veces, no servir a nadie. Intentarlo en demasía conduce a hablar sobre todo de sucesos acontecidos hace años, y que por tanto a pocos pesan, o de temas intrascendentes, a los que un barniz de discusión de verdulería traviste en polémicos -sí, hablo de la televisión reciente-.
En cambio, el centrarse sobre temas locales parece síntoma de provincianismo y paletismo. Bien puede verse que, lejos de ello, hasta la capital va necesitando de acercarse a ellos. Y, pienso yo, que con razón. Aunque siempre es deseable que los árboles no impidan ver el bosque, no es menos cierto que alguna atención al árbol individual es lo único que nos evitará un tropezón con él.
Cambiando de tema, el periódico local se felicita de un fracaso escolar del 15%, muy inferior, al parecer, a la media nacional. O sea, que de cada veinte alumnos, tres no terminan. Que, de una clase como aquellas en que me eduqué, siete compañeros quedarían fuera. Me parece atroz hasta que leo la estadística nacional, mucho peor. No es ni con mucho la primera vez que constato que se educa mejor en provincias, pero ese puede ser tema de otra crónica.
Nota al margen, pero importante: la aparente relación entre el título de esta serie y Crónicas marcianas es estrictamente casual. Y, en todo caso, antes homenajearía al hermoso libro de Ray Bradbury que al programa televisivo.
Enviado por Carl Philip con fecha 11:43 AM | Comments (0) | TrackBack
Enero 28, 2007
El coral en Bach 2
Vimos en el artículo anterior un mínimo de historia del coral.¡Cuántos detalles podría haber añadido! Pero es de suponer que un grado semejante de implicación con el coral sólo interese a quién tenga poderosas razones para semejante grado de intimidad con el mismo.
Os ahorró pues la historia de cómo fue el desarrollo de su historia en los años que transcurrieron hasta Bach. Aunque la encuentro fascinante, resulta probablemente excesivamente técnico.
Limitémonos pues a detallar cuál era el uso normal del coral vocal en tiempos de Bach. Quizá de allí podamos pasar a algunos ejemplos sonoros y a los variadísimos usos instrumentales.
El ritmo original de cada coral se ignora, igualandose los valores de las notas, salvo muy escasas excepciones. Para todo lo demás, el coral es dependiente en grado sumo del texto con que se canta. Cada final de verso provoca la necesidad de una cadencia, de forma que una cantidad de sílabas diferente va a crear una frase musical diferente, en un sentido que a un oído moderno puede resultarle más fácil percibir como una melodía distinta. También, la acentuación del texto va a ser causa de la de la melodía. Toda vez que los octosílabos parecen ser los versos más comunes, y que el alemán parece tener una estructura de acentos muy basada en débil- fuerte- débil- fuerte, esto nos da una melodía de coral típica dividida en frases de ocho notas iguales -es costumbre escribirlos en negras, comenzando en anacrusa -parte débil- y acabando en una cadencia en parte fuerte en cada octava nota. A todo esto existen excepciones, pero no son numerosas.
Por otro lado, es necesario decir que la calidad de las melodías de coral suele ser escasa: con un registro limitado, para poder ser entonadas por el pueblo, no formado para el canto, y un ritmo de notas iguales, acaban siendo lo que la expresión común llama típicas canciones de misa.
Pero sólo hablo de la melodía propiamente dicha. Imaginad a Bach llegando en domingo al templo. El equivalente luterano del sacristán le diría: «hoy vamos a cantar el coral X con este texto tan alegre». Y Bach realizaría una armonización del coral acorde con el texto. Si al domingo siguiente se cantase el mismo coral con texto distinto, la armonización nueva respetaría ese carácter. Y en el caso de Bach, esa fidelidad al texto llega a la pintura precisa de cada palabra. Su puro talento armónico y contrapuntístico convierten a estas melodías paupérrimas -tienen que serlo, por razones funcionales- en piezas a veces extrañamente conmovedoras, llenas de sentido y expresión. De todo lo cual espero poner ejemplos en el próximo artículo, antes de pasar al coral instrumental.
Enviado por Carl Philip con fecha 11:43 AM | Comments (8) | TrackBack
Enero 27, 2007
Wikilearning
Una breve nota para comentar que acabo de encontrar una gran cantidad de los artículos de este blog, así como de los contenidos del resto de la Web reproducidos en Wikilearning. ¿Por casualidad tenéis alguna referencia del sitio? Porque no deja de extrañarme que no me manden ni un email para decirlo.
Enviado por Carl Philip con fecha 11:41 AM | Comments (3) | TrackBack
Enero 24, 2007
Crónicas zamoranas 3
Una vez más en el autobús, camino de Madrid. Y una vez más entretengo el tedio del viaje comentando como percibe Zamora alguien criado en una ciudad mayor. En este caso, me extenderé sobre lo que dije en el anterior artículo de este serie: muchos habitantes de Zamora la sienten como una condena.
Parece existir una convicción generalizada de que en Zamora todo es viejo, de que nada cambia ni puede cambiar, de que es inútil molestarse. A más de uno me ha tocado convencerle de que existen comercios que no cierran a mediodía ni los domingos. Tales “modernidades”, tan útiles y convenientes -sobre todo para gente que, como yo, está en la ciudad normalmente en días festivos-, parece que resultan impropias de la imagen de la ciudad que tienen sus habitantes, y en consecuencia no son percibidas como parte de lo posible. Hasta tal punto es así que a más de un zamorano me ha tocado convencerle de este hecho en varios fines de semana consecutivos, siempre con pruebas tangibles. El acontecimiento debe haberles parecido demasiado ajeno a lo que se siente como el genio de la ciudad como para ser confiado a la memoria.
En todo caso, el que exista comercio en festivos sólo es relevante para quien, como yo, a veces necesita una escarpia que no es cosa de traer de los madriles. Más preocupante, y algo de lo que puedo, por mi profesión y formación, opinar con mayor justicia, es lo que pasa con la vida cultural. No falta, pero es de un nivel extraño. Uno se puede encontrar la ciudad invadida de carteles anunciando el concierto de un perfecto desconocido, normalmente sin molestarse en indicar siquiera el repertorio. Puede uno ver cosas semiatroces como un concierto de adaptaciones al piano de grandes músicas de cine. O una exposición sobre el cómic en que una sala grande, buena y dotada exhibe seis -sí, sólo seis- páginas de cómics no creados por dibujantes de ese medio.
Sólo en un contexto así me puedo imaginar que llegue a la ciudad alguno de los grandes -el último, Jordi Savall- y no se haga la más mínima publicidad ni promoción. De hecho, me enteré, y por casualidad, una hora antes de que se celebrase el concierto. Con casos así, recitales y actividades interesantísimos quedan huérfanos de atención y público, y se anuncia, no diré que lo mediocre, pero sí lo menos lucido.
En el mismo orden de cosas, me resulta impropio e inadecuado que una ciudad con tanto de que enorgullecerse no lo exhiba. Que la excelente arquitectura románica disponga de horarios tan restringidos para visitarla. Que la Semana Santa zamorana, tan amada por los ciudadanos, no sea más conocida, en gran parte por falta de infraestructura para el visitante. Que dos de las músicas más apreciadas, como el hermoso bolero de Algodre o la marcha de Thalberg sean punto menos que imposibles de encontrar en CD.
Existen cosas buenas y excelentes, que convendría airear y hasta enorgullecerse de ellas. Y buscar la forma de hacerlas conocidas fuera. Humildemente, con el gran tacto que conviene a quien no nació aquí, me atrevo a proponer que la expresión “esto es Zamora”, que tantas veces y a tanta gente he oído como sinónimo de “aquí no hay de eso”, sea abandonada para siempre, por inapropiada, falsa y autodestructiva. O que se emplee para indicar que es una gran urbe con posibilidades muy superiores a las del tercer mundo. Claro, que, para eso, hay que comenzar por creerlo y potenciarlo.
Enviado por Carl Philip con fecha 02:14 AM | Comments (1) | TrackBack
Enero 23, 2007
El coral en Bach 1
El coral, siempre el coral. Cuantísimo echo de menos poder dar a mis alumnos mejor formación en él, si la LOGSE lo hiciera posible. Entre la producción menos conocida, y creo que es justo decir que peor comprendida de Johann Sebastian Bach están, en mi opinión todas las obras basadas en las melodías de coral. No es extraño. La comprensión de a qué responden, el conocimiento íintimo de su necesidad, quedan lejos de los gustos y costumbres de la actualidad.
Sin embargo, el coral domina la producción bachiana en un porcentaje sorprendente, abrumador. Lo que es más, como puedo corroborar por mi práctica de largos años como enseñante, y también por lo que un su momento sufrí -más bien diré que gocé- en propias carnes como alumno, el coral es fuente de la más asombrosa diversidad, de la más increible flexibilidad compositiva que pueda imaginarse. Y no hay duda alguna que de ese provecho le sirvió al Cantor. Las trazas del uso del coral son inequívocas en su obra. Abundantes, sorprendentes y, ante todo, imaginativas.
Todo lo cual, supongo, debería ganar en sentido si se conoce mejor qué es el coral luterano y cuál es su práctica. Para quien lo desee, ahí va un poco de explicación, que debe arrancar desde la reforma luterana.
NOTA OBVIA: en lo que sigue, y, probablemente en artículos sucesivos, debo referirme, necesariamente, a ideas y prácticas religiosas diversas. No hay en ningún caso intención de proselitismo, menos aún de falta de respeto.
El flautista y refomador de religiones Lutero, ve con malos ojos la imposible participación de la feligresía en el culto católico. Una misa dicha en latín y con el cura dando la espalda a la concurrencia por no dársela al crucifijo deja margen escaso a la implicación de los fieles.
En su Reforma, Lutero toma algunas decisiones que han resultado ser trascendentales para la historia de la música. Una de ellas es la de que la misa -que, a partir de este momento, denominaremos el culto- se celebre en lengua vernácula -es decir, la que se hable en el lugar en que ocurra. Pero de mucha mayor trascendencia es la idea de que el pueblo intervenga en forma activa en el acto. Esta intervención se da en forma de canto: en los momentos adecuados, el público prorrumpe en canciones de texto adecuado al momento y solemnidad. Tiempo habrá de hablar de esta adecuación.
Limitémonos, por el momento, a ponernos en el lugar de Lutero: "para que la feligresía cante, son necesarias canciones" -diría para sí mismo- "como enseñar solfeo a todo el mundo y darle partituras en la entrada del templo es inviable, aunque no sea más que porque el solfeo moderno aún no ha sido desarrollado, deberemos buscar otra solución."
En efecto, para una decisón así, el uso de música nueva, específicamente compuesta para la ocasión, resulta de una gran dificultad. El pueblo debe aprender la canción, y eso requiere tiempo y dedicación, que habría que restar del culto.
La solución evidente es la de recurrir a melodías ya conocidas, cuyo texto se cambia por uno pertinente a la temática religiosa que se desea tratar. No deja de ser una conducta paralela a la idea española de reformar poemas "a lo divino". Ni deja de ser cierto que ante el mismo problema musical, el concilio vaticano segundo adoptó idéntica solución.
Las melodías de coral, por lo tanto, quedan agrupadas en tres procedencias diferentes:
- Las procedentes del gregoriano, aprendidas por el pueblo en los cultos previos a la reforma.
- Las tomadas de la música popular, o con autor conocido pero bien conocidas por el público, pues como decía Lutero, "No es necesario que el diablo se quede con todas las buenas melodías". Quizá el caso más paradigmático sea el del coral de la Pasión según San Mateo, cuya versión original, un par de siglos anterior, de Hans Leo Hassler dice "Mi ánimo está turbado por una tierna doncella", mientras que en la Pasión es "Oh cabeza llena de sangre y heridas".
- Las escasísimas melodías compuesta en forma específica para ser corales. De ellas, quizá la más relevante, por haber sido compuesta por el mismo Lutero y haberse convertido así en el símbolo del protestantismo es "Una poderosa fortaleza es nuestro Dios". Prescindiré de comentar los usos por parte de Bach, Mendelshonn y Stravinsky para limitarme a comentar que es la melodía del timbre de Ned Flanders.
En próximos artículos, dejaré clara la importancia musical de todo esto. Pues de estos orígenes humildes, han surgido mas joyas de las que quizá podáis sospechar.
Y sí, es cierto que con unos midis y unas partituras esto mejoraría. Lo intentaré, pero en el tren tengo pocos medios
Enviado por Carl Philip con fecha 02:16 AM | Comments (8) | TrackBack
Enero 21, 2007
Soy el hombre más feliz
Queridos amigos: he puesto una demora de dos días en los próximos artículos previstos, porque quiero comunicaro algo: M, mi siempre adorada, por fin ha consentido en casarse conmigo. M2, mi hija, contentísima con la noticia, así como cuñi, esposa del hermano de M, y el resto de la familia. Muy pronto, tanto como sea posible, os daré fechas y datos. Por el momento, a todos pido que os alegréis conmigo. Soy muy feliz.
Enviado por Carl Philip con fecha 07:03 AM | Comments (7) | TrackBack
Enero 19, 2007
Alegrías que dan los alumnos
No estoy seguro de quién dijo alguna vez que la principal función de los profesores es la de hacerse innecesarios. Si es que de verdad hacemos nuestro trabajo como deberíamos, al cabo del tiempo nuestros alumnos deberían saber tanto como nosotros, o parecido. Y, sobre todo, lo que a mí me parece mas importante: deberíamos haber sido capaces de ayudarles a desarrollar los recursos como para defenderse y crecer por sí mismos. Que tengan y puedan defender sus propios criterios, poco importa si coinciden o no con los nuestros.
Es, por lo mismo una fuente de placer y enorme satisfacción el momento en que un antiguo alumno demuestra que está tan preparado como el que más. Está por un lado la sana alegría que produce el hecho del bien que le haya ocurrido. Y, por otro, la sensación de que los años invertidos en la enseñanza -que van ya siendo algunos- no han transcurrido en balde.
El motivo de todo este exordio es anunciaros que mi antiguo alumno Jorge González ha ganado recientemente el premio de composición "Andres Segovia", con su obra para guitarra Cromático. Premio en metálico, edición de la partitura y la interpretación de la misma el año próximo por parte de los numerosos guitarristas que se presentarán a ese certamen en su próxima edición. No está nada mal. Enhorabuena, Jorge. No será el último.
Hubiese sido cualquier otro alumno y me hubiese enterado del premio sólo al cabo del tiempo. Como ha sido Jorge, me llamo muy poco después de haber recibido él mismo la noticia. No voy a mentir diciendo que no me llenó de orgullo el hecho de la llamada. Casi tanto como el premio mismo. Gracias.
Quizá no sea este mal momento para decir que su hermano David, igualmente ex-alumno mío, e igualmente compositor, acaba de ser padre de una niña preciosa, de la que me ha hecho el honor de nombrarme padrino. Alumnos como estos son de los que te acuerdas en los momentos en que la enseñanza te pesa, para recordar que también hay satisfacciones y que son intensas.
Enviado por Carl Philip con fecha 02:13 AM | Comments (4) | TrackBack
Enero 15, 2007
Viajar con ordenador de mano
Algo dije de comentar cómo voy sintiendo esto de escribir en mi ordenador de mano, palmtop, handheld o como quiera que haya que llamarlo ahora. Éste es el cuarto artículo que escribo con él en mi periplo madrileño de esta semana, uno en el autobús a Madrid, tres en el tren de vuelta.
Se me hace extraño, para comenzar, la forma de escribir, con el lapicerito o estilo. Aunque mi aparatejo es capaz de entender mi escritura manuscrita -no es pequeña hazaña-, hace muchos años que soy más eficaz con un teclado. Por el momento escribo dando con el lapiz en las teclas correspondientes de un tecladito virtual que me aparece en pantalla. Mucho más rápido que escritura manual, pero menos que mi feroz técnica de cuatro dedos y medio en un teclado real. Será por esa mayor lentitud que adjetivo más y tiendo a la anáfora. No me explico, en cambio, por qué parece conducir a que emplee mucho más de lo que suelo la primera persona. Misterios de la informática, supongo, como misterioso me resulta por qué parezco saltar ás de tema.
Según voy escribiendo, introduzco a mano el escaso código HTML que empleo. El justo para que aparezcan cursivas, negritas y cambios de párrafo. No necesito ningún programa especial para llevar blogs, aunque se que existen. Códigos más complejos, como por ejemplo vínculos a otras páginas, tendrán que esperar a que pueda comprobar las URLs en el ordenador. Voy, por cierto, abandonando la costumbre de cuidar las baterías del aparato como si fuesen las últimas palabras de un santo moribundo. Llevo usándo el cacharrillo cuatro horas ininterrumpidas, y aún me queda media carga. Eso sí, las dos horas de música con que lo cargué se han quedado cortas. No así los 32 -soy así de ávido- libros electrónicos. Para la próxima, meteré al menos seis horas de música y algún libro más.
Llegaré a Zamora en una hora, a eso de las dos de la mañana. Cuando duerma y despierte descargaré estos archivos al ordenador y emplearé las funciones de mi programa de blogs para ir distribuyendo en varios días estos artículos. Si estáis leyendo esto, es que lo logré. Aunque mi aparatejo tiene, con el auxilio de una tarjeta, funciones WIFI, no me parece necesario usarlas. Reconozco, eso sí, que se me hace raro no haber publicado lo escrito hace dos días. Con todo, añoraba escribir en mi blog y el cacharrillo lo hace posible.
En fin. Me duele la mano de sujetar el estilo, y tengo la vista cansada. En un viaje de vuelta normal, estaría ahora mismo desesperado, cansado y nervioso. Prefiero el dolor de mano. Y aún hay algunas maravillas más en la máquina, que ya habrá ocasión de comentar. Volveré a escribir en el próximo viaje
Enviado por Carl Philip con fecha 11:00 AM | Comments (4) | TrackBack
Enero 14, 2007
Inventor de ballenas 2
Hablé én otro artículo del medievalismo que percibo en Crumb. Quisiera explicarme mejor, porque a lo mejor así yo entiendo mejor por qué mi eterna simpatía por su música, por qué mi eterno conflicto con su técnica.
Comencemos por una confesión: artísticamente, el eclectismo me resulta intolerable, y la única bendita excepción es precisamente Crumb. Me parece, en general, una falta de capacidad de decisión, un deseo de agradar a todos sin comprometerse con nadie. Me irrita y pone nervioso en lo teórico. Pero cuando escucho, sin saber previamente del eclecticismo del autor, música de este tipo, me irrito más, y me pongo más nervioso. Parece que el conocimiento previo me anestesia un poco.
Pero nada de esto me ha pasado jamás con Crumb, y hasta hace bien poco no logré entender por qué. Y ahora que creo comprenderlo, mi admiración es si acaso, mayor que antes. Veamos si soy capaz de explicarlo.
La música medieval, como el resto de artes de la época, es, de algún modo, impersonal, en el sentido de que el creador no intenta plasmar su personalidad, sino cumplir, y cumplir bien, su cometido. Como vivimos en un mundo en que hasta las sillas tienen diseñador, que pretende -no sin razón- ser reconocido, quizá se nos escapa la sencilla elegancia, la serena dignidad, de hacer una silla -o una música- sólida, resistente, cómoda y anónima. Ese es uno de los sentidos -volveré sobre él- en que Crumb me parece afín a lo medieval.
En otro orden de cosas, pocas obras tan medievales como los bestiarios. Resulta encantador ver como los animales más desconocidos, que de puro serlo acaban deviniendo más imaginados que reales, son investidos con virtudes y características que los convierten en los perfectos símbolos de lo que se pretende. Más extraño resulta el caso de animales próximos y conocidos a los que se atribuyen características impensables -recuerde quien quiera la extraña progenie del gallo o la curiosa forma en que se supone que el pelícano alimenta a sus crías- en aras de una mayor ejemplificación moral del lector u oyente.
A nadie se le escapa que resultaría más elegante tomar las características reales de un animal y acumular sobre ellas significados reales, simbólicos de lo que pretenda el buen simbolizador. Tal hace Crumb en la extraordinaria Vox balaenae, donde desde el canto de la ballena yubarta a su propia existencia devienen símbolos de un universo humanizado, habitado por la pasión y el significado, por la calidez y la belleza.
En este sentido, es irremediable que comente el rico y variado mundo simbólico de nuestro autor. Numerologías multiculturales, mitos cinetográficos, pasiones lorquianas y latinismos circunspectos. Nada es ajeno al mundo crumbiano, y los símbolos circulan, recurrentes, de una a otra obra.
La técnica creativa, la musical incluida, es también en el medevo altamente simbólica. Por no meterme en esoterismos innecesarios, me permito remitiros a la curiosa descripción que de la numerología en arquitectura efectúa Umberto Eco en El nombre de la rosa. técnicas musicales de la época tales como la taleay el color son del todo compatibles con esta idea. Y nuestro autor no es menos obediente a las servidumbres de la técnica que escoja, si es la apropiada para la finalidad que busca.
Encuentro en lo que vengo contando una extraña belleza. Historias que importan más que su narrador, edificios que importen más que su arquitecto, músicas cuya importancia exceda a la de compositor o intérprete. Estos rasgos medievalistas me emocionan -que no la peste negra, el feudalismo o el hambre- y son lo que creo detectar en Crumb. Una voluntad de expresar cosas que entiende más importantes que su propia personalidad, por lo que no se afilia a lenguaje alguno: el mensaje es más importante que el idioma. Un bienvenido cambio en este mundp reciente en que el culto a la personalidad nos lleva hasta ciertas aberraciones televisivas con nombre hortícola.
Y esa, creo, es razón de que sintonice con Crumb, autor modernísimo y escasamente derivativo del medievo en lo lingüístico, pero quizá afín en lo espiritual. Quién sabe, Quizá si leyera esto, echaría una de sus sonrisas, se llevaría la mano a la boina y me explicaría cuánto más sencillo es todo.
Enviado por Carl Philip con fecha 08:59 AM | Comments (5) | TrackBack
Enero 13, 2007
Crónicas zamoranas 2
Este es el primer artículo que escribo en el autobús. No se si será el primero que publique así que vuelva, dentro de unos días, a Zamora, eso sí. El recorrido del vehículo viene resultando por el momento tan exento de sorpresas como siempre, y supongo que el paisaje de las grúas madrileñas, cuando llegue allá, no me va a resultar más atractivo que de costumbre, así que seguramente escriba varios posts en estos días. Alguno, quizá, sobre la extrañeza de escribir en mi ordenador de mano -se hace raro, de verdad-. Alguno sobre la preocupante falta de interés en lo creativo que detecto ultimamente, y no sólo en el terreno musical. Y alguno sobre Crumb, mi inventor de ballenas favorito.
Pero este articulillo pretende ser el segundo de las Crónicas zamoranas. Y en él comentaré, una vez más, algo sobre el comercio en Zamora. Lástima que, en esta ocasión, no es bueno. Y es posible que comente algo sobre el carácter de muchos habitantes de esta ciudad.
Supongo que ser "friqui" en una ciudad pequeña es diferente, más complicado, que serlo en una gran ciudad. Y por misteriosas circunstancias, que no alcanzo del todo a comprender, parece ser que la lectura de cómics se considera en España una actividad de "friquis".
Es el caso que en estas navidades ha salido un tomito con el nombre de "Las nuevas aventuras de Esther". Como la tal Esther era de las lecturas predilectas de M en su infancia, pensaba que el libro en cuestión fuese parte de sus obsequios navideños. Me dirijo pues a la única tienda de cómics de Zamora, donde me encuentro una enorme especialización en manga y rol, y unos cuantos tebeos de la Marvel y la DC que siempre son obligados en tales casos. Sospecho que, siendo quizá lo menos interesante de la tienda, puede ser lo que tenga mejor venta.
El caso es que no parece que mi petición fuese muy apreciada, quizá por salirse del canon de lo que parece atender la tienda en cuestión. Vamos, que en un momento me sentí como un intruso. A punto estuve de alegar mis largas y disfrutadas lecturas de Sandman o mi entusiasmo por Allan Moore, Neil Gaiman o Mike Carey. Pero sospecho que, de la misma forma, hubiera sido mirado como alguien ajeno a la tienda. Tengo demasiados años como para que nadie me confunda con un otaku. El caso es que, tras asegurarme que lo que es pedir el libro no iba a hacerlo, el vendedor me dijo que volviese a la semana, a ver si los del almacen lo traían por voluntad propia, fortuna que no he tenido.
Vista la escasez de mi éxito, recorrí muchas de las librerías "normales" de Zamora. También aquí con sensación de intruso al pedir el volumen en cuestión. Hay miradas y tonos de voz que parecen decir "¿qué hace una persona adulta como tú pidiendo tebeos, y encima de niñas?". Claro que esto puede ser una sensación subjetiva. Pero el hecho objetivo es que en ninguna librería se ofrecieron a pedirme el librito de marras. Mala suerte: demasiado formal para las tiendas especializadas, demasiado extraño para las convencionales. ¡Con el dineral y las horas que invierto cada mes en librerías y sentirme ahora un forastero en ellas!
Me extiendo quizá demasiado en la anécdota sobre este cómic, que conseguiré en este viaje a Madrid así lluevan centellas. Pero me importa más una conclusión que cada vez tengo más clara, y que quien considere que debe hacerlo, me perdone: lo peor de Zamora son, muchas veces, los zamoranos.
La ciudad es hermosa y francamente habitable. Los medios y recursos, muy superiores a lo que parecen creer los habitantes, que muchas veces parecen sentirse en un páramo social y cultural. Salvo el tebeillo en cuestión, poco es lo que me ha faltado en Zamora que hubiese encontrado en Madrid (y para eso se invento Internet). Los servicios públicos son muy eficientes en general. Pero parece existir una convicción generalizada de que todo es viejo, de que nada cambia nunca, de que no hay que hacer cosas nuevas porque es inútil. De que Zamora, en definitiva, es algo así como una condena para los zamoranos, no una ciudad vivible, cambiable, mejorable, disfrutable. Cambiable, porque todo cambia se quiera o no y es preferible cabalgar el cambio que ser arrollado por él.
En una ciudad grande -Madrid, por ejemplo-, el espacio por persona es menor. Quizá por ello la gente se precipite menos a juzgar al de al lado, no sea que del contínuo roce la cosa degenere en pelea. Y quizá porque si en un comercio no te sirven te vas a otro -hay muchos-, siempre se ofrecen a lograrte lo que pidas. Cosa de conservar la clientela de aumentarla.
La contrapartida es que el trato personal se pierde, que se te trata más como un objeto -no se puede tener cercanía con tanta gente a la vez-. En Zamora, ya lo dije en otra ocasión, me he sentido excelentemente tratado en los comercios. La gente que he ido conociendo, dentro o fuera de ellos, saluda siempre con amabilidad y se interesa por uno. Pero hay, muy a menudo, una sensación de ser puesto en tela de juicio, de que tienes que someterte a los valores del de enfrente, o, al menos, a unos valores comunes que no se sabe bien quién determina. Hay veces que un bienintencionado "qué bien habéis hecho" -por M y por mí-, no deja de ser un recordatorio de que en general la cosa no parece tan bien. Y con tanto juicio acabo encontrando que el amor propio, la fe en el propio criterio, la confiaanza en las propias fuerzas, rasgos admirables que me encantan de Zamora y los zamoranos, se convierten a veces en orgullo insensato.
¿Parece mucha conclusión para un asunto tan trivial como un cómic? No lo parezca: el tebeo en cuestión sólo ha sido la excusa para comentar algo que llevo tiempo percibiendo. Y es lástima, porque quizá sea de las cosas que más estancan esta ciudad.
Enviado por Carl Philip con fecha 08:58 AM | Comments (2) | TrackBack
Enero 12, 2007
Inventor de ballenas 1
Inminente el curso sobre George Crumb… si es que se celebra. Al parecer (aunque tengo que verificarlo: hasta que no llegue a Zamora no podré comprobar mi email), son pocos los interesados que se han matriculado, y, sin un número mínimo de asistentes, nada se puede hacer.
Por una parte, no me extraña demasiado: Crumb es un compositor muy poco conocido en estos pagos. Nuestro desconocimiento de los autores norteamericanos es enorme, fruto, quizá, de la malhadada discusión entre Boulez y Cage que tanto alejó nuestras respectivas -europea y norteamericana- vidas creativas musicales. Pero no es menos cierto que una parte del desconocimiento sobre este autor es debido a sus peculiaridades compositivas. Por muchas razones Crumb me sugiere comportamientos de gran afinidad con lo medieval, sin que ello signifique, en modo alguno, que su estética sea trasnochante y nostálgica. Quizá, por el contrario, su acercamiento libre, desacomplejado, intenso y variado al problema del lenguaje musical, sea una de las claves que vayan a marcar el futuro de la música.
Supongo que nada de lo anterior es fácil de comprender a menos que me explaye algo más. Vamos con ello.
El mundo de la composición contemporánea ha tenido una cierta tendencia al esnobismo, por un lado y al más impresentable de los paternalismos por otra. Por un lado, tenemos el público y crítica que siempre juzgan las piezas en función de su novedad, y creación de nuevos lenguajes. Dudo de que nadie estime más que yo ambas cualidades, pero no se me escapa que se pueden decir estupideces en todo lenguaje, aunque sea nuevo, ni que un cierto "rodaje" del lenguaje en cuestión es del todo indispensable para que éste alcance su máximo grado de fluidez y elegancia. Crumb, con su desavergonzado uso de lenguajes que abarcan desde lo medieval más puro hasta la escritura más cinematográfica, sin eludir las citas, más explicitas o menos, de autores que abarcan desde el barroco hasta Messiaen, se adapta mal a este sector.
En el otro extremo tenemos a la parte de público y crítica que pretende que todo sea fácil, grato y mono -no me atreveré a decir bonito, ni mucho menos, bello-. Buscan una música "que pueda entender todo el mundo", "que no sea elitista". Siempre, al escuchar cosas así, me pregunto si ese "todo el mundo" incluye también las infinitas culturas de tradición no europea, y a la gente a la que sí le gusta cierto grado de complejidad en lo que escucha -por ejemplo, aquellos de nosotros que disfrutamos una fuga-. Y si esa falta de elitismo, no quiere, en el fondo decir que nadie desea hacer el menor esfuerzo en comprender: todo bien mascadito, música chicle, dignificar -para quien lo encuentre dignificante- con una violinada y un tenor un himno deportivo… En fin: Crumb con sus a veces arriesgadísimos usos de las notas, sus gamas y acordes místicos, su siempre sorprendente uso del timbre, se amolda mal a esta especie de deseo de sopas premasticadas,
Hablamos, en definitiva de un compositor que se amolda mal a los usos más a la moda en el panorama contemporáneo. Quizá por ello sea tan desconocido en estos lares
En mi opinión, existen en la historia de la humanidad escuelas de pensamiento y creación que nos han hecho avanzar en formas inimaginables. Pero, como es natural, el peligro de las escuelas es que tienden a lo escolástico. Otros creadores, por lo contrario, son lo que me gusta llamar "francotiradoes". Gentes que han tenido una o varias ideas originales y propias y las han seguido y explorado sin encontrar, acaso sin buscar, seguidores o apoyo. Gentes como Bach -me batiré, si es preciso, en duelo, con quien afirme que no es innovador: mis armas serán sus obras completas-, Goya, Messiaen, Newton, Bartok… No comparo calidades, pero la compañía es ilustre, y ningún problema tengo en visualizar dentro de ella a Crumb. De cuyo medievalismo y peculiaridades me ocuparé en otro artículo. El espíritu de estos francotiradores os ilumine.
Enviado por Carl Philip con fecha 10:57 AM | Comments (1) | TrackBack
Enero 06, 2007
Cinco cosas que probablemente no sabes de mi
Veo en el blog de Palimp un meme interesante. Cinco de las cosas que uno nunca cuenta. Naturalmente, hay muchas más de cinco, y, también naturalmente, no contaré nada comprometedor. Según se me ocurren:
- Soy una persona que ha sido educada para que le disguste que le vean llorar. Al mismo tiempo, ver a mucha gente de acuerdo en algo me emociona tanto que se me saltan las lágrimas y me resulta imposible contenerlas. Me cuesta ver el concierto de año nuevo sin tener que ir al baño para que no me vean llorar al ver al público dando palmas al unísono. Pero el caso más vergonzante se ha dado al saltárseme las lágrimas al ver una coreografía digital de miles de pingüinos llevando al cine a M2.
- Me encantaría ser altísimo y delgadísimo, famélico incluso y con melenas de poeta romántico. Soy más bien bajo, creo que no gordo, pero desde luego no famélico, y mis rizos me impiden la melena.
- Me encantan los tangos.
- En el fondo, me gustaría haber sido más Don Juan que Quijote, y eso que he tenido alguna experiencia en ambos sentidos, y que M me tiene feliz.
- Me gusta que la gente me pida las cosas más que me las exija.
Enviado por Carl Philip con fecha 11:38 PM | Comments (2) | TrackBack
Crumb en DVD
Acabo de recibir un DVD con el Makrokosmos de Crumb. Bien sabroso. Si me da tiempo a estudiarlo, aparecerá en el inminente curso de Valencia.
Enviado por Carl Philip con fecha 08:23 PM | Comments (0) | TrackBack
