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Enero 23, 2008
A petición popular
Esta es una historia difícil: quizá
tarde en encontrar el tono adecuado.
Ummmm, no, esto parece una mezcla de Robert
Howard y Lord Dunsany. Probemos de otra forma.
Los susurros de los seres que me rodeaban sugerían impíos rituales, anteriores quizá a la existencia de la humanidad. El hedor que llenaba el vehículo se introducía ominosamente en mis fosas nasales. Finalmente, llegué a mi destino, se abrieron las puertas y descendí, invocando sobre mí la protección de las Descarnadas Alimañas de la Noche contra las impías huestes de Ctulhu.
Pues no, a la Lovecraft tampoco parece que
funcione. A ver así.
En entrando en el palacio
anunciose su presencia
que vino a pedir audiencia
más aprisa que despacio
Así le hablara doncella
"Si al caballero le place
que yo sus deseos trace
despache aquí su querella"
No, me temo que tampoco es un tema épico.
Otra vez.
"Mira pimpollo" —le dije— "No tengo nada
contra tí. Símplemente quiero mercancía. Y estoy dispuesto a
pagarla"
La muñeca puso ese gesto calculador que siempre significa
que están estimando cuanta pasta pueden sacarte.
¿Ahora a lo Dashiell Hammett?. No no
creo.
No, a la Frank Herbert
tampoco
Confortado por este recuerdo, Frodo se acercó al mostrador y
dijo "Quiero un teléfono móvil, señorita"
Por fin lo he dicho. Sí, éste es el
mensaje del relato. Tras largos años de resistirme, he comprendido
al fin que cuando el átomo primigenio estalló, provocando el Big
Bang del que salimos todos, lo hizo en la secreta esperanza de que
alguien inventase la telefonía móvil. El universo, se contemplaba
a sí mismo con inquietud, ¿tendré el número adecuado de
semiconductores?, ¿evolucionará la vida pronto para que alguien
invente el móvil? Afortunadamente, vivimos en un universo paciente
—además de céntrico y bien comunicado— y el objetivo se ha
cumplido.
Había una cierta nobleza en mi
resistencia. Que todos me señalasen con el dedo me producía una
sensación de distinción. Las burlas, las piedras, los insultos.
Pero al fin he comprendido que no soy distinto a los demás. Más
triste, pero también más sabio me uno a la mayoría, confiando en
la misericordia y comprensión de mis semejantes.
Ah, el número es xxx xx xx xx
Enviado por Carl Philip con fecha 01:18 AM | Comments (0) | TrackBack
Enero 12, 2008
Himno nacional
"Tan pronto como hay escuelas es necesario un lenguaje, y eso suscitó la cuestión de cuál de los lenguajes del mundo era el mejor para que aprendieran las salamandras. Los primeros renacuajos de las islas del Pacífico hablaban, por supuesto, en el dialecto del inglés que habían aprendido de los nativos y marineros; muchos de ellos hablaban Malayo y otros dialectos. Los renacuajos criados para el mercado de Singapur aprendieron basic English, el inglés científicamente simplificado que funciona con pocos cientos de expresiones sin la molestia de una gramática desfasada; y como resultado esta versión del inglés convencional comenzó a ser llamada inglés salamándrico. En las ejemplares escuelas Zimmermann los renacuajos se expresaban en el idioma de Corneille; no, desde luego, por razones chauvinistas, sino porque es simplemente parte de una buena educación; en las escuelas reformadas, por otro lado, se aprendía Esperanto, de forma que sirviera de lengua franca. Había otros cinco o seis nuevos lenguajes universales que surgieron en esa época, con la intención de reemplazar la confusión babélica de los lenguajes humanos con un lenguaje simple y común para todo el mundo de salamandras y humanos; es innecesario decir que hubo incontables discusiones sobre cuál de estos lenguajes internacionales era el más útil, más eufónico y más universal. El resultado final, por supuesto, fue que hubo un lenguaje universal diferente en cada nación."
Karel Capek, La guerra de las salamandras
Enviado por Carl Philip con fecha 10:33 PM | Comments (0) | TrackBack
Enero 03, 2008
Crueldad
Enviado por Carl Philip con fecha 01:06 PM | Comments (0) | TrackBack
