Diciembre 08, 2007
De mortibus nihil nisi bonum
Acaba de morir Stockhausen, uno de los más grandes. Aún después de muerto, sigue el bulo de su terrorismo. Una voz para clamar por su genialidad y su indefensión ante la malevolencia —reconocida— de un periodista.
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Marzo 11, 2007
Los músicos contemporáneos no son delincuentes
Una vez uno de mis entonces alumnos me dijo: «Hacer música contemporánea está más perseguido que traficar en coca».
Recientemente he recibido un email de uno de mis antiguos compañeros de colegio, del que llevaba fácilmente venticinco años sin noticias. Él, navegando la Red, dió con esta web y me contactó. Un placer y me alegro de saber que le va bien y que ha emprendido el estudio del clarinete.
Lo que me duele, y que conste que no lo digo por él, sino porque me ha pasado docenas de veces cuando me presentan gente, es que todo el mundo tenga la necesidad de añadir: «No me gusta la música contemporánea». Uno podría presentarse hablando de su desacuerdo con el racismo, de su amor por los gatos, de su repugnancia por el hambre en el mundo… Nadie lo hace. Parece más urgente, supongo, aclarar el desinterés por aquello a que he dedicado mi vida.
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Febrero 03, 2007
Takemitsu revisitado
Volver a Takemitsu es como el regreso a la amada: encanto, calidez y conocimiento de sí. Pocos son los autores que, al releer sus partituras, me producen esa sensación. Y si digo que entre esos pocos se cuentan Bach y Messiaen, entenderéis la profundidad de mis palabras.
Pues el caso es que algunos de mis antiguos alumnos me ha pedido que les hable de Takemitsu. Obviamente, no he opuesto resistencia alguna. Y al repasar su vida, su obra y su técnica, me doy cuenta, quizá con mayor lucidez que nunca, de lo original, lo extraño, de su aproximación a la música. Desde una educación japonesa antioccidental, abrazar la orquesta. Prepararse espiritualmente tocando La Pasión según San Mateo para escribir algunas de las menos bachianas páginas de la historia.
Ojalá a todos nos fuera dado el poder vernos desde fuera, el juzgarnos con imparcialidad. En cierta medida, toda la producción de Takemitsu puede considerarse un comentario a la música de Occidente, y es una de las muchas cosas que debemos agradecerle.
Tan Dun, quizá, pudiera representar un caso similar, aunque no puedo dejar de pensar que, por más occidentalizado, menos puro.
Y, ya que andamos en ello, adviértase la cantidad de veces que he nombrado a Occidente en este artículo. Tras un convulso siglo XX, qué poco hemos tenido en cuenta que, si nuestra música tiene algún valor, debe convertirse en el legítimo legado de todo ser humano, del continente que sea. El eurocentrismo que a menudo lastra a los críticos, ha de ser reconocido y erradicado. Nunca olvidaré el comentario de un senegalés, que reclamaba su derecho a que no se le considerase descendiente tan sólo de los tambores africanos, sino también de Bach y Brahms. Tenía razón. No pocas veces, nuestro aprecio y estudio de otras músicas camufla un espíritu elitista.
Y esto me devuelve a Takemitsu y su disgusto por ser apreciado sólo como japonés. O sus clarividentes comentarios sobre músicas capaces, o no, de resistir el viaje a otras culturas. Pienso que el futuro de la música tendrá mucho que ver con sus opiniones. Y con ese mar sin Este ni Oeste del que le gustaba hablar.
Termino con una lista de algunos de los varios artículos relacionados con Takemitsu publicados hasta ahora en este blog. Quizá os diviertan.
Simbología musical de Takemitsu
- Simbología musical de Takemitsu 1
- Simbología musical de Takemitsu n
- Simbología musical de Takemitsu 2
- Simbología musical de Takemitsu 3
- Simbología musical de Takemitsu 4a
- Simbología musical de Takemitsu 4b
- Simbología musical de Takemitsu 5a
- Simbología musical de Takemitsu 5b
Otros artículos relacionados
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Enero 14, 2007
Inventor de ballenas 2
Hablé én otro artículo del medievalismo que percibo en Crumb. Quisiera explicarme mejor, porque a lo mejor así yo entiendo mejor por qué mi eterna simpatía por su música, por qué mi eterno conflicto con su técnica.
Comencemos por una confesión: artísticamente, el eclectismo me resulta intolerable, y la única bendita excepción es precisamente Crumb. Me parece, en general, una falta de capacidad de decisión, un deseo de agradar a todos sin comprometerse con nadie. Me irrita y pone nervioso en lo teórico. Pero cuando escucho, sin saber previamente del eclecticismo del autor, música de este tipo, me irrito más, y me pongo más nervioso. Parece que el conocimiento previo me anestesia un poco.
Pero nada de esto me ha pasado jamás con Crumb, y hasta hace bien poco no logré entender por qué. Y ahora que creo comprenderlo, mi admiración es si acaso, mayor que antes. Veamos si soy capaz de explicarlo.
La música medieval, como el resto de artes de la época, es, de algún modo, impersonal, en el sentido de que el creador no intenta plasmar su personalidad, sino cumplir, y cumplir bien, su cometido. Como vivimos en un mundo en que hasta las sillas tienen diseñador, que pretende -no sin razón- ser reconocido, quizá se nos escapa la sencilla elegancia, la serena dignidad, de hacer una silla -o una música- sólida, resistente, cómoda y anónima. Ese es uno de los sentidos -volveré sobre él- en que Crumb me parece afín a lo medieval.
En otro orden de cosas, pocas obras tan medievales como los bestiarios. Resulta encantador ver como los animales más desconocidos, que de puro serlo acaban deviniendo más imaginados que reales, son investidos con virtudes y características que los convierten en los perfectos símbolos de lo que se pretende. Más extraño resulta el caso de animales próximos y conocidos a los que se atribuyen características impensables -recuerde quien quiera la extraña progenie del gallo o la curiosa forma en que se supone que el pelícano alimenta a sus crías- en aras de una mayor ejemplificación moral del lector u oyente.
A nadie se le escapa que resultaría más elegante tomar las características reales de un animal y acumular sobre ellas significados reales, simbólicos de lo que pretenda el buen simbolizador. Tal hace Crumb en la extraordinaria Vox balaenae, donde desde el canto de la ballena yubarta a su propia existencia devienen símbolos de un universo humanizado, habitado por la pasión y el significado, por la calidez y la belleza.
En este sentido, es irremediable que comente el rico y variado mundo simbólico de nuestro autor. Numerologías multiculturales, mitos cinetográficos, pasiones lorquianas y latinismos circunspectos. Nada es ajeno al mundo crumbiano, y los símbolos circulan, recurrentes, de una a otra obra.
La técnica creativa, la musical incluida, es también en el medevo altamente simbólica. Por no meterme en esoterismos innecesarios, me permito remitiros a la curiosa descripción que de la numerología en arquitectura efectúa Umberto Eco en El nombre de la rosa. técnicas musicales de la época tales como la taleay el color son del todo compatibles con esta idea. Y nuestro autor no es menos obediente a las servidumbres de la técnica que escoja, si es la apropiada para la finalidad que busca.
Encuentro en lo que vengo contando una extraña belleza. Historias que importan más que su narrador, edificios que importen más que su arquitecto, músicas cuya importancia exceda a la de compositor o intérprete. Estos rasgos medievalistas me emocionan -que no la peste negra, el feudalismo o el hambre- y son lo que creo detectar en Crumb. Una voluntad de expresar cosas que entiende más importantes que su propia personalidad, por lo que no se afilia a lenguaje alguno: el mensaje es más importante que el idioma. Un bienvenido cambio en este mundp reciente en que el culto a la personalidad nos lleva hasta ciertas aberraciones televisivas con nombre hortícola.
Y esa, creo, es razón de que sintonice con Crumb, autor modernísimo y escasamente derivativo del medievo en lo lingüístico, pero quizá afín en lo espiritual. Quién sabe, Quizá si leyera esto, echaría una de sus sonrisas, se llevaría la mano a la boina y me explicaría cuánto más sencillo es todo.
Posted by Carl Philip at 08:59 AM | Comments (5) | TrackBack
Enero 12, 2007
Inventor de ballenas 1
Inminente el curso sobre George Crumb… si es que se celebra. Al parecer (aunque tengo que verificarlo: hasta que no llegue a Zamora no podré comprobar mi email), son pocos los interesados que se han matriculado, y, sin un número mínimo de asistentes, nada se puede hacer.
Por una parte, no me extraña demasiado: Crumb es un compositor muy poco conocido en estos pagos. Nuestro desconocimiento de los autores norteamericanos es enorme, fruto, quizá, de la malhadada discusión entre Boulez y Cage que tanto alejó nuestras respectivas -europea y norteamericana- vidas creativas musicales. Pero no es menos cierto que una parte del desconocimiento sobre este autor es debido a sus peculiaridades compositivas. Por muchas razones Crumb me sugiere comportamientos de gran afinidad con lo medieval, sin que ello signifique, en modo alguno, que su estética sea trasnochante y nostálgica. Quizá, por el contrario, su acercamiento libre, desacomplejado, intenso y variado al problema del lenguaje musical, sea una de las claves que vayan a marcar el futuro de la música.
Supongo que nada de lo anterior es fácil de comprender a menos que me explaye algo más. Vamos con ello.
El mundo de la composición contemporánea ha tenido una cierta tendencia al esnobismo, por un lado y al más impresentable de los paternalismos por otra. Por un lado, tenemos el público y crítica que siempre juzgan las piezas en función de su novedad, y creación de nuevos lenguajes. Dudo de que nadie estime más que yo ambas cualidades, pero no se me escapa que se pueden decir estupideces en todo lenguaje, aunque sea nuevo, ni que un cierto "rodaje" del lenguaje en cuestión es del todo indispensable para que éste alcance su máximo grado de fluidez y elegancia. Crumb, con su desavergonzado uso de lenguajes que abarcan desde lo medieval más puro hasta la escritura más cinematográfica, sin eludir las citas, más explicitas o menos, de autores que abarcan desde el barroco hasta Messiaen, se adapta mal a este sector.
En el otro extremo tenemos a la parte de público y crítica que pretende que todo sea fácil, grato y mono -no me atreveré a decir bonito, ni mucho menos, bello-. Buscan una música "que pueda entender todo el mundo", "que no sea elitista". Siempre, al escuchar cosas así, me pregunto si ese "todo el mundo" incluye también las infinitas culturas de tradición no europea, y a la gente a la que sí le gusta cierto grado de complejidad en lo que escucha -por ejemplo, aquellos de nosotros que disfrutamos una fuga-. Y si esa falta de elitismo, no quiere, en el fondo decir que nadie desea hacer el menor esfuerzo en comprender: todo bien mascadito, música chicle, dignificar -para quien lo encuentre dignificante- con una violinada y un tenor un himno deportivo… En fin: Crumb con sus a veces arriesgadísimos usos de las notas, sus gamas y acordes místicos, su siempre sorprendente uso del timbre, se amolda mal a esta especie de deseo de sopas premasticadas,
Hablamos, en definitiva de un compositor que se amolda mal a los usos más a la moda en el panorama contemporáneo. Quizá por ello sea tan desconocido en estos lares
En mi opinión, existen en la historia de la humanidad escuelas de pensamiento y creación que nos han hecho avanzar en formas inimaginables. Pero, como es natural, el peligro de las escuelas es que tienden a lo escolástico. Otros creadores, por lo contrario, son lo que me gusta llamar "francotiradoes". Gentes que han tenido una o varias ideas originales y propias y las han seguido y explorado sin encontrar, acaso sin buscar, seguidores o apoyo. Gentes como Bach -me batiré, si es preciso, en duelo, con quien afirme que no es innovador: mis armas serán sus obras completas-, Goya, Messiaen, Newton, Bartok… No comparo calidades, pero la compañía es ilustre, y ningún problema tengo en visualizar dentro de ella a Crumb. De cuyo medievalismo y peculiaridades me ocuparé en otro artículo. El espíritu de estos francotiradores os ilumine.
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Diciembre 16, 2006
Hermoso regalo navideño
La fundación Mozarteum pone a disposición de todo el que lo quiera las partituras completas de Mozart. No podrían haber buscado un regalo de Navidad más apetecible. Gracias. ¡Y la edición es excelente!
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Agosto 21, 2005
Efemérides íntima
Mañana. día 22 de agosto, se cumple el aniversario del nacimiento de Debussy. ¡Quién fuera capaz de transmitiros cuánto debo a este mago! Cómo me afecto la primera vez que —a traición— escuché su música. Cómo cambio mi vida. Mucho le debo, y el cuento es jugoso, pero quedará para otra ocasión. De qué manera una escucha impremeditada cambio todo lo que pensaba a pocos puede interesar. Baste decir que considero que es gran día para la historia de la música.
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Abril 26, 2005
Anuncio sobre el ritmo de este weblog. Endecha a Messiaen
Amigos queridos, debo anunciaros un cambio de ritmo permanente en el weblog. Durante este año casi completo que llevo manteniéndolo he recibido de él cosas indescriptibles: la más importante, sin lugar a dudas, la amistad y el afecto de gentes maravillosas. Nadie se ponga celoso si tengo un especial buen recuerdo de gentes como Vailima, TioPetros, Palimp, Porras, Erik, Cristina y tantos otros.
Es el caso que en un periodo de mi vida que estuve muy parado, falto de ánimos y alicientes, el weblog me animó a comunicarme con el mundo. Pero tras la inyección de autoestima que me ha dado mi adorada M, me vuelve a salir mi naturaleza: hacer, tocar y escribir música. Por no hablar de el futuro que lucho por construir con mi amada. De esa contienda, tiemblen quienes se erijan en enemigos.
No renuncio, ni lo haré nunca, a vosotros. El blog seguirá. Pero dejad que el ritmo sea esporádico. Permitid que no siempre intente explicaros algo. Eso seguirá dándose, pero a su propio ritmo. Y los contenidos serán por lo menos diferentes, en el sentido de más variados. Pronto espero poder daros noticias que me entusiasman sobre M y yo.
Voy a poneros un ejemplo de por qué me es difícil, hoy por hoy, mantener la bitácora. Mañana sería el aniversario de la muerte de Messiaen, ocasión que me afectó profundamente. En circunstancias como las que se dieron hasta hace poco, hubiera esperado hasta ese día para glosar su figura, hacer su panegírico y llorar su muerte.
Hubiera escrito un artículo muy similar al que completará estas líneas. Pero en estos momentos mi prioridad es hacer vida y hacer música —si hay diferencia, nunca la entendí—. Cosa que el bueno de de Olivier hubiera entendido y apoyado, lo que puedo hasta justificar documentalmente.
Os cuento pues, con un día de adelanto, como viví el día de la muerte del coloso del siglo XX: Olivier Messiaen, maestro de maestros, artista de artistas, sustrato de mucha de mi sensibilidad.
Sonó un teléfono. No recuerdo qué amigo me comunicaba la muerte de Messiaen. Sí recuerdo que lloré. No hablo francés, y hacía poco que acababa de traducir su Técnica de mi lenguaje musical con ayuda de un diccionario y mucha, pero que mucha paciencia. Hoy, afortunadamente, por manos más competentes que las mías, la traducción está editada. Que me guste releer la mía, tan inadecuada, es sólo porque mis vuelos de imaginación sobre un idioma que no entiendo reflejan mucho sobre como siento a ese autor.
Siguió habiendo lágrimas en mis ojos cuando marché al conservatorio. Era mi segundo año como profesor. La voz entrecortada. La mente en luctuosa concentración se negaba a dar la clase requerida. Tomé la decisión de hablar de Messiaen todas mis clases, fueran los grupos del nivel que fueren —que eran bajos—. El llanto que no me cesaba, que no mis explicaciones —profesor primerizo, niveles muy elementales—, debió impresionar a mis alumnos, que escucharon con el máximo respeto, y llevaron a muchos a preguntar por qué no se hacía un homenaje al excelso compositor. Recuerdo haber comentado reiteradamente que entre los inmensos males que nos traía la muerte del genio, uno, mezquino quizá, porque era una ilusión que sólo a mí me hubiera satisfecho, era el de nunca tener la ocasión de escuchar su voz.
Una de mis normas como profesor, tan elemental que pocos la aplican, es la de considerar que mis discípulos son seres humanos, con sus problemas, sus intereses, y su simpatía por el dolor ajeno. Tanto hubo de ésta última —independientemente de que su nivel de formación permitiera la compresión de lo que balbuceé— que acabamos por, al cabo de unos meses, y a petición de los alumnos, realizando un ciclo de conferencias sobre el increíble compositor. Con bastante éxito. Escribí el encarte del ciclo, a más de dar dos de las charlas. Mis últimas palabras para el encarte fueron: sit tibi terra levis. Sea la tierra ligera, blanda y amable para los huesos del ilustre. Siempre le echaré de menos.
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Abril 13, 2005
Scarlatti
Estoy explicando a mis alumnos la sonata monotemática, lo que, inevitablemente, me lleva a Scarlatti. Puede que os guste disponer de sus sonatas completas. Desde aquí podéis bajar las midifiles de todas ellas, además de otras muchas cosas interesantes. Recomiendo que visitéis esa web y la gocéis. No os perdáis al tristemente desconocido pero siempre genial William Byrd. Y no están nada mal los artículos y opiniones de Sankey, el dueño de la web.
Si eso no os basta y os apetecen las partituras, están aquí, al menos 176 de ellas.
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Abril 05, 2005
Variaciones (4a): variaciones de Hándel
Amigos míos, me temo que voy a tener o que rebajar aún más el ritmo de publicación o transigir con calidades menores. Éste debería ser un post sobre unas variaciones de Händel, no sabía muy bien si las denominadas El herrero armonioso o las que luego reutiliza Brahms para las ya aludidas en este artículo. Es el caso que no encuentro de unas y otras versión midi que me satisfaga, y tardaría mucho en hacerla yo y no es cosa de haceros esperar tanto. De manera que aquí os dejo dos versiones de las insatisfactorias y espero vuestros comentarios. Según me contéis, escribo el artículo o me pongo a versionear.
Gracias por vuestra paciencia.
Posted by Carl Philip at 11:58 PM | Comments (5) | TrackBack
Marzo 26, 2005
Boulez
En un día como hoy, en 1925, nació Pierre Boulez. Su importancia como compositor, como director, como paladín de una forma de entender la música y la interpretación, no puede ser mayor.
Feliz cumpleaños, maestro.
Posted by Carl Philip at 05:05 PM | Comments (1) | TrackBack
Marzo 12, 2005
Índice de "Simbología musical de Takemitsu"
Índice de esta serie y de los artículos que con ella se relacionan
- Simbología musical de Takemitsu 1
- Simbología musical de Takemitsu n
- Simbología musical de Takemitsu 2
- Simbología musical de Takemitsu 3
- Simbología musical de Takemitsu 4a
- Simbología musical de Takemitsu 4b
- Simbología musical de Takemitsu 5a
- Simbología musical de Takemitsu 5b
Otros artículos relacionados>/b>
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Febrero 25, 2005
Takemitsu: discografía esencial.
Como prometí hace tiempo, aquí os dejo una discografía recomendada de Takemitsu. Me limito a los CDs que son fáciles de encontrar, por desgracia, ya que hay bellezas en los otros.
Música de piano
La mejor versión, sin duda es:
Peter Serkin Plays The Music Of Toru Takemitsu, de RCA
Lo malo es que es difícil de encontrar. Una alternativa aceptable es
Toru Takemitsu, complete piano works, de Diapason, interpretado por Kanako Abe. Lo malo es que la obra no es completa a pesar del título.
Música orquestal
A Flock Descends into the Pentagonal Garden de BIS, que contiene, además de la obra que le da título, Dreamtime, Star-Isle y Orion and Pleiades.
My way of life, de Philips. Contiene además Requiem, Family tree, Ceremonial y Air
Quotation of dream, de Deutsche Grammophon. Además lleva day signal, How slow the wind, Twill by Twilight, Archipelago S., Dream Window y Night Signal
Sabrosísimas obras quedan en el tintero, pero los CDs no son fáciles de encontrar… …salvo en mi casa.
Música de cámara
Chamber Music by Toru Takemitsu, de BIS. Contiene Between Tides, Landscape I, Distance de fée, Rocking Mirror day break y A way a Lone
Riverrun, de Virgin Classics. Contiene además Water-ways, Rain Coming, Rain Spell y Tree Line
Toru Takemitsu de Assai. Contiene Tree line, Garden Rain, Rain Coming, Waves, Towards the sea II, Waterways, Rain Spell y Rain tree
Toru Takemitsu de Naxos. Allí están grabados And Then I Knew ´Twas Wind, Rain Tree, Towards the Sea, Bryce, Itinerant, Voice, Air y Rain Spell
Miscelánea
Sobre música relacionada con Japón:
In an Autumn Garden, deDeutsche Grammophon. Además de la pieza que le da tíyulo, lleva Voyage, Autumn, November Steps (sólo la décima variación) y Eclipse.
Sobre música de cine:
The film music of Toru Takemitsu, de Nonesuch Records.
Qudan muchos, muchísimos discos. Pero estos deberían ser encontrables. Si algún dato más queréis, comentadlo abajo. Yo marcho en unos minutos a pasar un tiempo con M. En unos días os contestaré.
Posted by Carl Philip at 06:56 PM | Comments (13) | TrackBack
Febrero 18, 2005
Simbología musical de Takemitsu (y 5b)
Esta fotografía de Duchamp, realizada por Man Ray fue la causa de la obra en que hoy nos vamos a centrar: A Flock Descends into the Pentagonal Garden. Por cierto que en el curso de Valencia no dio tiempo a hablar de ella, de modo que los lectores de mi bitácora quedan en ventaja.
La noche después de que Takemitsu viera esta fotografía en el centro Pompidou de París, tuvo un sueño: un jardín pentagonal. Incontables pájaros blancos volaban en él, guiados por una pájatro negro.
Cuando desperté, sentí que era un paisaje muy musical. Por un largo tiempo reviví la impresión del sueño, tomando notas precisas de los recuerdos que evocaba. Este dibujo infantiloide de pájaros es mi impresión del sueño.
Mientras dibujaba esto recordaba esa vieja canción de jazz "Bye Bye Blackbird". Cerca del pájaro negro en el centro está la nota fa sostenido. Este pájaro conduciendo a la bandada empezó a tomar un rol importante en mi pensamiento. La nota fa sostenido iba a convertirse en un núcleo en la música.
Decidí usar un título inglés, ya que la obra era encargo de una orquesta americana. La idea general era describir pájaros volando a un jardín en forma de estrella, pero para el título busqué el consejo de mi amigo americano, Roger Reynolds. Su primera sugerencia "A Flock Settles into a Pentagonal Garden" (Una bandada se posa en un jardín pentagonal) no enfatizaba ni a los pájaros ni al jardín. Entre las posibilidades finalmente elegí "A Flock Descends…", que enfatizaba la acción de los pájaros.
Movido por el sueño, Toru decide explotar el número cinco (lados del pentágono). Ello le lleva a pensar en la escala pentáfona, que tiene cinco sonidos, y que se produce, por ejemplo, en las teclas negras del piano, relacionándose así con el color del pájaro guía. De esas notas selecciona fa sostenido, que en alemán se pronuncia fis. El sonido de fis, a su vez, se pronuncia similar al inglés fix (en este contexto, fijar). Decide, por ese juego de palabras, usar fa sostenido como una nota pedal (algo así como una nota fija).
La interválica de la escala pentáfona, medida en semitonos, es [2, 3, 2, 2, 3]. Takemitsu decide formar con ella un cuadrado mágico, a partir del que genera una serie de acorddes, a cada uno de los cuales asocia a su vez otra escala pentáfona, consiguiendo así los campos armónicos y dominios de los que extrae su música.
Hemos visto con esto un ejemplo de cómo los números ayudan a Takemitsu a encauzar la vaguedad del sueño hasta alcanzar un sistema bastante riguroso.
Un último símbolo asociado que queda por ver es el del agua. Como el sueño, el agua no tiene forma, salvo la que le proporcione la vasija que la contenga. En este sentido, refleja mucho la actitud del autor de exploración en el continuo del sonido, buscando ponerle márgenes que expresen su propia identidad.
De particular significado para Takemitsu parece haber sido el símbolo del árbol de lluvia, sacado de un relato del premio Nobel Kenzaburo Oe. Éste árbol parece tener las hojas extremadamente pequeñas, de forma que las gotas de lluvia quedan atrapadas entre ellas, por lo que incluso bastante después de que la lluvia cese, en el espacio interior de la árbol sigue cayendo agua. Takemitsu dedica no menos de tres obras a este árbol.
Queda así presentado el rico mundo simbólico del autor, y es quizá posible gracias a él notar como los pensamientos extramusicales pueden encender la imaginación de un autor.
En otro orden de cosas, este es el artículo 158 de este weblog, número, como algunos sabrán, de particular importancia en este espacio. 158 millones de gracias a todos por leerme.
Posted by Carl Philip at 05:04 PM | Comments (13) | TrackBack
Enero 30, 2005
Un feliz cumpleaños para la música universal
El día 28 de este mes, Luis de Pablo cumplió 75 años. Por una variedad de razones no me ha sido posible escribir en esta bitácora hasta hoy, pero ello no quiere decir que no celebre su cumpleaños: por el contrario, le tengo por una de las mayores glorias de la música española de todos los tiempos.
Tengo además la suerte inmensa de haber hablado con él varias veces y haber estado en su casa. Puedo deciros que es la persona más sabia, amable y buena del mundo, que su conversación es cautivante y sus conocimientos, ilimitados.
¡El más feliz de los cumpleaños, maestro! Cuantos más cumplas, con esa música increíble que haces, más felices nos harás a los demás.
Nuestro contertulio Carlos, (por cierto, ¿dónde estás?), tiene una bonita anécdota con nuestro querido compositor, que, posteriormente, ha tenido sus consecuencias.
Posted by Carl Philip at 04:02 PM | Comments (6)
Enero 21, 2005
Simbología musical de Takemitsu (5a)
El mito australiano del Tiempo del Sueño. El Sueño y el Número en Takemitsu.
El Tiempo del Sueño
Los nativos australianos tienen un sorprendente mito: el del Tiempo del Sueño —también conocido como Alcheringa—. Correspondería a un periodo previo a la creación, en que los diversos dioses y espíritus enseñaron a humanos, animales y criaturas inanimadas cuáles deberían ser sus hábitos y comportamientos. Lo más sorprendente del mito es la idea de que ese tiempo no ha acabado, sino que de alguna forma transcurre en paralelo con nuestra existencia actual.
Muchas y hermosas leyendas transcurren en el Tiempo del Sueño. Aquí tenéis algunas (en inglés, lo siento).
Los aborígenes australianos también creen que cualquier objeto tocado por los espíritus muestra una traza residual de ese contacto. A esa traza se refieren como el Sueño. En la práctica, el Sueño puede acabar siendo toda la filosofía e ideología de una persona, animal o cosa.
Takemitsu, encantado por la idea, escribió una obra con el título de Dreamtime.
El sueño y el número
Mi interés en manipular números no está dirigido hacia la creación de teoría musical. Por el contrario, usando números quiero integrar la música con el mundo, real y cambiante. Por medio de los números quiero ver más claramente estas impredecibles, informes imágenes dentro de mí que, quizás preparadas por largo tiempo emergen súbitamente en un sueño. A través de la absoluta simplicidad de los números quiero clarificar las complejidades del sueño. Puesto que no soy matemático reacciono a los números de forma bastante instintiva, y siento que cuando se encaran instintivamente, los números se hacen más cosmológicos. Digo esto porque recientemente visité el Palacio Independiente Katsura en Kyoto. Allí se ven elementos numéricos. Por ejemplo, el tatami y el shoji estaban claramente planeados y construidos de acuerdo a un plan numérico. Es más, el plan se aprehende de una forma bastante instintiva. Quedé muy impresionado.
Esas relaciones se encuentran también en la música asiática. El ketchak indonesio y los tala indios son considerados por los foráneos como complejas estructuras numéricas, pero para los músicos nativos se practican instintivamente como ideas musicales universales. Para mí los números representan el color y la luz.
Toru Takemitsu en su artículo Dream and Number
El mundo simbólico de Takemitsu, su espacio mítico, está pletórico de dualidades; oriente y occidente, los árboles y la hierba, sonido y silencio. La manera del compositor de confrontarlas no es elegir entre una y otra. Tampoco establecer una síntesis. Por el contrario las hace interactuar en formas complejas buscando un espacio diferente al de la dicotomía.
Una de estas dualidades es la establecida entre Sueño y Número. El Sueño vendría a equivaler a lo informe —muy adecuadamente representado por el mito del Tiempo del Sueño, aunque Toru-san ya empleaba este simbolismo antes de conocer el mito—. El Número representaría lo definido, la creación de la forma. Los números serían los puntos cardinales de la brújula con la que el compositor navegaba el sueño.
Las utilizaciones de números elegidas para tal fin pueden relacionarse con los cabalismos más sencillos (se habló de cabalismo en música en esta bitácora aquí y aquí), tales como en Quatrain, donde el número 4 gobierna todo: cuatro instrumentos, frases de cuatro compases, intervalos de cuarta…, sin contar con que Takemitsu asocia además las cuatro estaciones, la rosa de los vientos y los cuadrados. Del mismo modo, en Orion and Pleiades, el tres representa las tres estrellas del cinturón de Orion, y el siete, la cantidad de estrellas en las Pléyades.
En otras ocasiones, la utilización será mucho más compleja. Quizá el caso más paradigmático sea el de la obra A Flock Descends into the Pentagonal Garden, que contaré brevemente en la próxima entrega y sobre la que prometo un futuro artículo con ejemplos musicales. Para que vayan abriendo boca:
El retrato de arriba es el primero de los tres del Tríptico Takemitsu, de Pierre Delvincourt. es un artista representado por Connectworks, que permite el uso de la imagen mientras se les reconozcan todos los derechos. Reconocidos quedan. El artista se basó fuertemente en la obra de la que hablamos para su grabado.
Posted by Carl Philip at 05:14 PM | Comments (7)
Enero 16, 2005
Simbología musical de Takemitsu (4b)
Mas simbologías naturales. Sonido y silencio. Árboles. Estrellas y constelaciones.
Sonido y silencio
Otros de los símbolos más notables para Takemitsu son el silencio, como expresión de la muerte y el sonido, que, como opuesto tiene que intentar igualar la profundidad de la vida —otra razón por la que el compositor no gusta de reglas prefijadas—. La música se convierte en la prueba de la propia existencia —de manera bastante literal en el caso de Takemitsu—. Cada sonido expresa la realidad, y, en esa medida, del mismo modo en que no podemos planificar la vida, no podemos planificar la música.
No es casual que uno de los libros en que se recopilan varios artículos del compositor se llame Confrontando el silencio-
Árboles
La significación de los árboles para nuestro compositor es múltiple: por un lado, como él mismo expresa hermosamente "los árboles transforman el tiempo en espacio", como queda implícito en los anillos anuales que podemos ver en un tronco. Las propias irregularidades sutiles de estos anillos resultan representativas del concepto del tiempo —siempre una obsesión para un músico— propio de su obra.
También resultan capaces de expresar el idealismo humano: se mantienen en pie impertérritos contra los estragos del tiempo, sin queja alguna.
Como alguna vez ya se ha dicho por aquí, los árboles representan además el individualismo occidental, en oposición a la música no occidental, que crece y se extiende como la hierba.
La individualidad propia de cada árbol, en piezas como Tree Line queda reflejada en perfiles melódicos siempre semejantes y siempre cambiantes. La voluntaria falta de temas contrastantes en estas piezas separa a Takemitsu claramente del punto de vista occidental.
Estrellas y constelaciones
Relacionadas con el ya comentado interés por la pluralidad de focos de sonido, nos encontramos con piezas basadas en constelaciones: Orion and Pleiades, Star-Isle, Cassiopeia… En ellas, normalmente, el sonido individual es menos importante que la urdimbre de los distintos elementos empleados. A este resultado conjunto Takemitsu lo denomina alturas armónicas.
En el próximo artículo hablaremos del sueño, el número y el mar.
Posted by Carl Philip at 04:25 PM | Comments (14)
Enero 11, 2005
Simbología musical de Takemitsu (4a)
Simbologías naturales: la idea del jardín japonés.
El jardín japonés
Uno de los símbolos mas presentes en Takemitsu es el del jardín japonés. Para el compositor, se distingue del occidental en que no rechaza la presencia humana, como sí lo hace por ejemplo la perfección geométrica de los jardines occidentales. El simbolismo se va a plantear a múltiples niveles. Por un lado es una instancia de la idea del autor de que una vida humana debe estar integrada en la naturaleza. La vida urbana, frenética y ebullente rechaza lo natural. Habría que buscar pues una forma de vida en que nuestra integración con la naturaleza fuera mayor.
Musicalmente eso le lleva a mostrar una desconfianza profunda por las estructuras formales predeterminadas y por las fórmulas funcionales de toda índole. Siendo constructos artificiales, no responden a la naturaleza del sonido, no son flexibles a las necesidades del momento.
Cuando una escucha el canto de un pájaro en una circunstancia natural, escucha otros ruidos naturales como teniendo la misma importancia. En un entorno natural, los ruidos no interfieren el acto de la escucha. Más bien, innumerables sonidos le ayudan a uno a escuchar realmente.
Establecer muchos puntos focales auditivos es una cara de la composición, y tratar de escuchar una voz en muchos sonidos es otra.
Primero entrégate a un simple acto de escucha. Sólo entonces entenderás el propósito de la música.
De aquí la increíble riqueza de la orquestación del autor. Cada sonido es único, formado por la acumulación de una serie de timbres individuales. También de aquí la nada infrecuente evolución de sonidos únicos que van modificando su timbre o intensidad. Y, por último, también por estas causas nos encontramos con que en muchas de sus obras Takemitsu superponga varios acontecimientos que suceden al mismo tiempo.
Otro aspecto en que la idea del jardín japonés influye al autor es en la forma musical. La tradición occidental está prácticamente siempre formada por obras de tipo narrativo y funcional, donde un acontecimiento es siempre consecuencia del anterior y causa del siguiente. Nuestro compositor prefiere la idea del paseo. Al igual que cuando una persona camina va viendo distintas cosas que no tienen por qué estar relacionadas entre sí, Takemitsu va creando momentos musicales, no necesariamente ligados, que vamos experimentando en nuestra escucha.
Esta idea aparece en muchas de sus obras, pero quizá la más clara sea Arco para piano y orquesta, donde lleva la metáfora hasta el extremo de que el piano solista representa al paseante y la orquesta, en diferentes agrupaciones, a la tierra, las rocas, la hierba y los árboles.
Posted by Carl Philip at 12:34 PM | Comments (3)
Enero 09, 2005
Simbología musical de Takemitsu (3)
Sobre la distancia entre lo occidental y lo oriental como símbolos inspiradores para el compositor.
Japón, occidente y otras culturas
Según pudimos ver en Prólogo a Takemitsu, el comienzo de la vida musical del autor estuvo marcado por la influencia occidental y el rechazo de lo japonés. Sólo este extrañamiento de su propia tradición le hace en su momento poder valorarla apropiadamente. Y el conocimiento de ambas influencias le hace consciente de la existencia del mundo exterior y de muchas más otras. Occidente y Japón se convierten así en símbolos de maneras de hacer y plantear la música, como vamos a ver inmediatamente.
Esta polaridad entre lo oriental y lo occidental es ejemplo típico de muchos de los símbolos takemitsianos: una dicotomía de la que él escapa no optando por uno u otro extremo, sino buscando algo diferente.
Así, por ejemplo, si examinamos música de otros autores japoneses de la época, podemos observar que, en gran medida, lo que hacen es música occidental, a veces con instrumentos japoneses (no hay gran diferencia profunda entre un concierto para piano y orquesta y uno para koto y orquesta), lo que supone una desnaturalización de los mismos y poco avance en la tradición occidental.
Takemitsu hace exactamente lo contrario: indaga en la naturaleza del instrumento japonés —que no en la tradición del mismo— y la opone a lo occidental. Busca un sentido de extrañamiento mutuo del que pueda salir algo nuevo. Ejemplos excelentes de ello los tenemos en la obra November steps, donde shakuhachi y biwa se oponen con éxito a una orquesta occidental.
Hablando de esta obra, llegamos a otra de las ideas que subyacen a mucha música del autor. Se estrenó en Estados Unidos. Los intérpretes de shakuhachi y biwa, tras el viaje, vieron como el cambio de temperatura y ambiente afectaba a sus instrumentos, hasta el punto de intentar salvarlos envolviéndolos en hojas de lechuga. Esto le dio a Takemitsu la idea de que, al igual que con los instrumentos, existen músicas transportables y no transportables. Las últimas serían aquellas que requieren de la pertenencia a una cultura concreta para ser apreciadas y disfrutadas. Las primeras, aquellas que en alguna forma se han universalizado, no adaptándose a un patrón externo —lo occidental— sino logrando de alguna manera autoexplicarse.
Estoy fascinado por la distribución sobre la tierra de la flora, especialmente los árboles, La distribución del eucaliptus australiano, por ejemplo, es interesante. Mi interés comenzó cuando, para mi sorpresa, me enteré de que una especie sólo puede crecer en un área limitada. Fuera de esa área, cruzando el mar desarrolla subespecies y eventualmente toma una forma y patrón de crecimiento diferentes de los originales. La historia resulta similar a la de la Diáspora de los judíos. En general, el tema de la aculturación me interesa realmente.
Por idénticas razones, el autor establece una dicotomía —muy presente en los títulos de sus obras— entre árboles y hierba. Los primeros representan al compositor de tipo occidental, que se destaca entre lo que le rodea como figura única. La hierba representa la música tradicional, transmitida oralmente y donde no encontramos autores que sobresalgan unos sobre otros. Esto se entremezcla con el concepto de naturaleza, del que hablaremos en el próximo artículo.
Posted by Carl Philip at 03:55 PM | Comments (6)
Enero 08, 2005
Simbología musical de Takemitsu (2)
Presentación del concepto de “espacio mítico” como una de las caracterísiticas de muchas obras recientes, sea como producción o como estímulo a la misma. Levísima —y algo frustrante— alusión a cómo se aplica a Takemitsu.
El simbolismo musical en Takemitsu me parece mucho más necesario para comprender su obra y personalidad que en el caso de otros autores. El último paso que debemos dar antes de que una enumeración de sus símbolos tengan sentido es el hablar de un concepto al que voy a denominar espacios míticos.
Espacios míticos
Durante el siglo XX se ha producido un fenómeno en todas las artes, y en todos los niveles de las mismas consistente en la pérdida de la unicidad como característica deseable para la obra.
Uno de los comentarios más frecuentes sobre las obras recientes es que cada una intenta ser distinta de las otras, en búsqueda de originalidad. Quizá sea cierto en algunos casos —muchos menos de los que se cree—. Sin embargo, una de las cosas que más verdad son en las artes es que lo que se puede usar para una finalidad, se puede automáticamente emplear para la contraria —sabiendo cómo—. Resulta pues inevitable que junto a este impulso se haya producido el inverso: el de obras que apuntan a un trasfondo de mayor amplitud. Voy a realizar un pequeño recorrido en algunas artes de este fenómeno, aludiendo lo menos posible a obras concretas salvo cuando resulte preciso por claridad: no intento una valoración de casos específicos.
Comencemos por un ejemplo archiconocido: la obra de Tolkien. No encontramos aquí que cada libro esté ambientado en sitio y época diferentes, ni que los personajes sean únicos para cada libro. Encontramos, muy al contrario, que Tolkien crea un universo de rango muy superior, en amplitud y profundidad, al que podría recorrerse en un solo libro, aunque fuera largo. Incluso su empeño sobrepasa los límites de lo literario e ilustra su mundo gráficamente. Incluso explora cómo podría darse una lingüística creíble en ese cosmos. Lejos de intentar una obra única, lo que crea es un espacio en que muchas puedan tener cabida. La obra como tal pierde su carácter único para convertirse en una mirada desde un ángulo concreto a un objeto que, observado desde diferente enfoque en otro momento, dará una obra diferente.
No es caso único. Joyce elaboró también para sus obras algo de estas características. Es además evidente como las estanterías de las librerías están cada vez más llenas de trilogías, cómo cada vez los libros son más largos. Quizá empieza a darse la necesidad no de que a uno le cuenten una historia, sino de que le lleven a experimentar un mundo.
En el campo de lo audiovisual, es claro que las interminables telenovelas carecen por completo de realidad. Son más bien un espacio del mismo tipo, en que interactúan entes de acuerdo con las leyes inherentes a ese espacio. En el campo cinematográfico, está de más decir que la creciente proliferación de trilogías, dobles trilogías, segundas y terceras partes de películas que nunca se pensó en que tuvieran continuidad, obedecen al mismo tipo de impulso.
En las artes plásticas, es cada vez más común no realizar obras únicas, sino series de obras relacionadas.
Bien puede argumentarse que el fenómeno no es de nuevo cuño: a lo largo de la historia cualquier manifestación que haya hecho uso de elementos mitológicos se mueve en un espacio de este tipo. Ninguna narración de las desventuras de Edipo acabará de darnos la verdad del personaje. Jamás se contarán todas los amores de Rada y Krishna, favorecidos por las gopis. Entre historias que por sí solas han alcanzado llegar a lo mítico, las consecuencias de los pactos de Fausto serán tan interesantes en manos de Marlowe como en las de Goethe o Mann.
Que es lo que me ha llevado a elegir el nombre de espacio mítico para este fenómeno. Bien podría haberlo llamado arquetípico, conceptual o contextual, pero puestos a elegir, prefiero relacionarlo con sus manifestaciones más antiguas. Además, una característica inherente al mito es que descienda de varias fuentes, causando que en diversas obras los mismos elementos puedan tener características diferentes —lo que resulta necesario para poder contar más historias o versiones distintas—. Así el zascandil Zeus, atormentado por su lujuria y los celos de su esposa, es también el poderosísimo dios capaz de vencer a todo el resto del panteón olímpico con una sola mano. Odín, señor de la horca, cuyo caballo de ocho patas representa las piernas de los cuatro portadores del cadáver del ahorcado, resulta también ser el señor de los que se oponen al Ragnarok —el fin del mundo—. Lanzarote —el mejor caballero del mundo— será vencido una y otra vez, pues la cualidad de ser el mejor caballero no siempre le acompaña.
La utilización en los últimos tiempos de espacios míticos presenta dos cualidades interesantes. La primera es que tales espacios se entremezclan. Narraciones en que Sherlock Holmes investiga los crímenes de Drácula son tan frecuentes como historias de Jack el destripador viajando en nave espacial. Esta situación no es completamente nueva: es afín a lo que sabemos de la Roma antigua, donde el culto al pabellón olímpico no excluía, por ejemplo, a Isis.
La segunda y más interesante es que ahora esos espacios míticos son obra de autores únicos, en lugar de producto colectivo. Algo hay en lo mitológico que atrae la autoría compartida, sin embargo, lo que posiblemente explique el auge del "fanfic" (ficciones sobre universos de este tipo creadas por sus fans) o de las peticiones a escritores para que desarrollen obras en marcos creados por otros autores.
Habría cosas que concretar como que ningún espacio mítico alcanza el éxito sin resonar con actitudes profundas, y que precisamente esa resonancia es lo que hace que lo mítico no necesite relacionarse con lo religioso, pero no es este el espacio adecuado para ello.
Lo es en cambio para decir que esos espacios pueden, a veces, ser sólo el motivador para la composición de obras, sin que el autor considere necesario hacerlos explícitos.
El mar en Takemitsu: primera aproximación
Durante toda su vida, con especial énfasis en sus últimos años, Takemitsu vive —metafóricamente— en uno de estos espacios. Símbolos, a veces con reflejo musical explícito, otras sirviendo tan sólo de impulso motivador, recorren una y otra vez diversas obras. No es tanto un gusto por la autocita como una muy reconocible sensación de que se desea reexplorar un paisaje conocido. E incluso comparte la idea de poder emplear con eficacia citas ajenas (Debussy y Bach, por ejemplo).
En Prólogo para Takemitsu os contaba como entre las últimas palabras del compositor estuvieron:
“Reganaré fuerzas como una ballena,
¡Y nadaré en el océano que no tiene Oeste ni Este!”
El simbolismo del mar como un espacio entre el Oriente y Occidente, no algo que les une, no algo que está en medio, sino un lugar independiente, es el más complejo de todos los que vamos a explorar, por lo que lo dejaremos entre los últimos. Sin embargo le cito aquí porque sólo a la luz de la idea de que casi todo lo que vamos a explorar tiene que ver con este concepto cobrarán todos los otros su correcto sentido.
Takemitsu explora su identidad como un autor que no pretende ser ni occidental ni oriental dentro de este mar. Sus símbolos le sirven de referencia para ello, tal como —otro símbolo del que hablaremos— los números le sirven de guía entre sus sueños.
En el próximo artículo de la serie nos centraremos ya en el compositor.
Posted by Carl Philip at 07:37 PM | Comments (1)
Enero 06, 2005
Simbología musical de Takemitsu (n)
Explicación del extraño número en el título. Comentarios sobre la diferencia entre símbolo y significado. El símbolo para los autores. Miscelánea.
El título del artículo
Como habréis notado, he numerado este artículo con la letra n, aunque la lógica exigiría que fuese con un vistoso número 2. El caso es que por los comentarios mandados, he notado que hacía falta hablar de una serie de conceptos, muchos relacionados con lo simbólico, que podrían haber venido antes del artículo anterior o después del último. Así que cada quién haga equivaler n al número que le parezca más pertinente.
Símbolo y significado: el público
Algunas de vuestras aportaciones en el artículo anterior parecen entender que el símbolo debe tener un significado concreto. No es así. Tal como decía la cita de Cordwainer Smith, el símbolo debe despertar significados que dependen de la experiencia vital propia.
Me vais a permitir que lo ejemplifique empleando uno de los tres poemas de amor más hermosos que conozco.
Had I the heavens' embroidered cloths,
Enwrought with golden and silver light,
The blue and the dim and the dark cloths
Of night and light and the half light,
I would spread the cloths under your feet:
But I, being poor, have only my dreams;
I have spread my dreams under your feet;
Tread softly because you tread on my dreams
Traducido
Si tuviera los bordados tapices del cielo,
Tramados con luz dorada y plateada,
El azul y lo tenue y los oscuros tapices
De noche, luz y penumbra,
Extendería los tapices bajo tus pies:
Pero yo, que soy pobre, sólo tengo mis sueños;
He extendido mis sueños bajo tus pies;
Camina con cuidado porque caminas sobre mis sueños
William Butler Yeats: Él [el poeta]desea los tapices del cielo
Explicar significados de un texto siempre me pareció reducir su contenido. Vamos a ver qué se puede hacer para evitarlo.
¿Qué son los tapices del cielo? Algo, parece, inconmensurablemente rico, variado y deseable. Algo además, que por aquello de ser una metáfora, no puede tenerse.
El enamoradísimo: ¿Habéis amado? ¿Recordáis esa sensación de querer todo para la otra persona? ¿De desear poder modificar la realidad, el pasado y las leyes de la física para bien de la otra persona? Eso son los tapices del cielo.
El enamorado casual: ¿Habéis amado? ¿Habéis considerado la posibilidad de cambiar vuestro domicilio por la otra persona? ¿De dejar, incluso, de comer fabada sólo por amor? Eso son los tapices del cielo.
El informático recalcitrante: ¿Habéis amado? ¿Recordáis esos momentos en que uno accedería incluso a programar en BASIC? ¿O, incluso, a cambiar de sistema operativo y tener una máquina menos potente? Eso son los tapices del cielo.
El que nunca amó: Posiblemente, si la otra persona lo mereciese, algún sacrificio acordado de mutuo acuerdo estaría bien. Eso deben ser los tapices del cielo.
Qué cosa representen los tapices del cielo depende por completo de la persona que reciba el poema, de su experiencia e imaginación. Yeats, simplemente, construye un símbolo al que da suficiente énfasis como para poder despertar vívidas asociaciones en el oyente. Son un símbolo, y están por ello salvos de necesitar significado concreto, que, por otro lado, destruiría el poema.
Símbolo y significado: el autor
Por otra parte, hay símbolos que son propios del autor, que sólo a él despiertan asociaciones y que sirve simplemente (¡simplemente!) para centrar la expresión deseada para la obra. Podría poner como ejemplo la Dama Oscura de los sonetos de Shakespeare (o la no tan desconocida Belle Dame sans Merci, de Keats y tantos otros), pero vamos a buscar en esta ocasión un ejemplo de otra disciplina. Curiosamente, la música, claro.
Los mejores ejemplos —o al menos los que tengo más próximos— son de Takemitsu, pero es preferible reservarlos para un próximo artículo, así que hablemos un poco del Jardín del sueño de amor, de Messiaen, en su sinfonía Turangalîla.
Turangalîla es una de las escasas tres obras de Messiaen que celebran el amor humano en contraposición al divino, llamadas normalmente el ciclo de Tristán e Isolda. La idea que subyace tras este sexto movimiento es que amado y amada duermen abrazados en el jardín, tan compenetrados que, por momentos, no saben quién es él ni quién es ella. Messiaen emplea para ello muchos de los símbolos que le son propios —los tecnicismos musicales que siguen no van a ser indispensables para entender el argumento—: una armadura de clave de seis sostenidos para los instrumentos que representan a Tristán e Isolda trascendidos, armadura sin alteraciones y cantidades ingentes de pájaros para representar la naturaleza (el jardín), y todo tipo de los recursos rítmicos mas amados por el maestro. El resultado es una de las músicas más maravillosas imaginables.
Los símbolos aludidos no son perceptibles en la escucha —al menos no la mayoría—. De hecho, la armadura de clave de seis sostenidos es ineficiente: de forma constante Messiaen necesita introducir cancelaciones de alteración, así como introducir gran cantidad de alteraciones en la parte de la naturaleza. Eso, si tomamos como única consideración la facilidad de lectura. Sin embargo, el extraordinario efecto de la obra revela que el uso de esos símbolos ha sido inspirador para la composición. Resulta, por lo mismo, más que adecuado, necesario.
Este tipo de símbolos son no ya privados, sino por completo alógicos. Cada autor tiene las asociaciones privadas que le han deparado su experiencia y emociones. En este sentido, el significado del símbolo es arbitrario. Sin embargo, asumiendo que el autor sea bueno, este tipo de simbolización siempre funciona. La clave está en que despierta en el autor las resonancias adecuadas, y por ello encuentra los medios para la expresión.
Consideraciones varias, de menor importancia, y que, por referirse a detalles en los comentarios pueden ser obviadas. Háganme ustedes caso y no las lean, salvo que asuman que no tienen gran relación con lo recientemente tratado
Creo que es el título más largo que escribí nunca. Bueno, al grano.
Historicidad: uno de los comentarios que más me extrañaron es en el que se dice que faltan conocimientos de historia de la música como para entender todo. Me resulta raro, todos los ejemplos referidos me parecen autoexplicativos. Quizá, sin embargo, convenga aquí explicar algo, por si a alguien le resulta preciso. El mito de Orfeo es eso, un mito, no es histórico. La santa LOGSE, nunca suficientemente bien ponderada, ha producido una carencia en ese tipo de conocimientos. De las varias veces en que me encontrado con esta duda, la más entrañable fue hace tres años, cuando uno de los más excelentes alumnos que he tenido me preguntaba por qué no quedaban partituras de Orfeo. Estoy casi seguro de que no le convencí.
Simbologías; ningún arte, minimalismo incluido y pintura abstracta incluidos escapa al uso de símbolos. Cosa diferente es que escapen al uso de significados o relatos. Por lo mismo, es atinado el comentar que expresividad y simbología son cosas diferentes.
Extensión de los comentarios: en vista de que hasta el momento no me he quejado nunca de la longitud de ningún comentario, encuentro innecesario que os disculpéis cuando os explayáis un poco —eso además, alarga aún más el comentario—. En casos en que la longitud os resulte seriamente preocupante, lo mejor es que dividáis el contenido entre varios comentarios consecutivos, más que nada, por comodidad del lector.
Ave atque vale.
Posted by Carl Philip at 05:01 PM | Comments (9)
Simbología musical de Takemitsu (n)
Explicación del extraño número en el título. Comentarios sobre la diferencia entre símbolo y significado. El símbolo para los autores. Miscelánea.
El título del artículo
Como habréis notado, he numerado este artículo con la letra n, aunque la lógica exigiría que fuese con un vistoso número 2. El caso es que por los comentarios mandados, he notado que hacía falta hablar de una serie de conceptos, muchos relacionados con lo simbólico, que podrían haber venido antes del artículo anterior o después del último. Así que cada quién haga equivaler n al número que le parezca más pertinente.
Símbolo y significado: el público
Algunas de vuestras aportaciones en el artículo anterior parecen entender que el símbolo debe tener un significado concreto. No es así. Tal como decía la cita de Cordwainer Smith, el símbolo debe despertar significados que dependen de la experiencia vital propia.
Me vais a permitir que lo ejemplifique empleando uno de los tres poemas de amor más hermosos que conozco.
Had I the heavens' embroidered cloths,
Enwrought with golden and silver light,
The blue and the dim and the dark cloths
Of night and light and the half light,
I would spread the cloths under your feet:
But I, being poor, have only my dreams;
I have spread my dreams under your feet;
Tread softly because you tread on my dreams
Traducido
Si tuviera los bordados tapices del cielo,
Tramados con luz dorada y plateada,
El azul y lo tenue y los oscuros tapices
De noche, luz y penumbra,
Extendería los tapices bajo tus pies:
Pero yo, que soy pobre, sólo tengo mis sueños;
He extendido mis sueños bajo tus pies;
Camina con cuidado porque caminas sobre mis sueños
William Butler Yeats: Él [el poeta]desea los tapices del cielo
Explicar significados de un texto siempre me pareció reducir su contenido. Vamos a ver qué se puede hacer para evitarlo.
¿Qué son los tapices del cielo? Algo, parece, inconmensurablemente rico, variado y deseable. Algo además, que por aquello de ser una metáfora, no puede tenerse.
El enamoradísimo: ¿Habéis amado? ¿Recordáis esa sensación de querer todo para la otra persona? ¿De desear poder modificar la realidad, el pasado y las leyes de la física para bien de la otra persona? Eso son los tapices del cielo.
El enamorado casual: ¿Habéis amado? ¿Habéis considerado la posibilidad de cambiar vuestro domicilio por la otra persona? ¿De dejar, incluso, de comer fabada sólo por amor? Eso son los tapices del cielo.
El informático recalcitrante: ¿Habéis amado? ¿Recordáis esos momentos en que uno accedería incluso a programar en BASIC? ¿O, incluso, a cambiar de sistema operativo y tener una máquina menos potente? Eso son los tapices del cielo.
El que nunca amó: Posiblemente, si la otra persona lo mereciese, algún sacrificio acordado de mutuo acuerdo estaría bien. Eso deben ser los tapices del cielo.
Qué cosa representen los tapices del cielo depende por completo de la persona que reciba el poema, de su experiencia e imaginación. Yeats, simplemente, construye un símbolo al que da suficiente énfasis como para poder despertar vívidas asociaciones en el oyente. Son un símbolo, y están por ello salvos de necesitar significado concreto, que, por otro lado, destruiría el poema.
Símbolo y significado: el autor
Por otra parte, hay símbolos que son propios del autor, que sólo a él despiertan asociaciones y que sirve simplemente (¡simplemente!) para centrar la expresión deseada para la obra. Podría poner como ejemplo la Dama Oscura de los sonetos de Shakespeare (o la no tan desconocida Belle Dame sans Merci, de Keats y tantos otros), pero vamos a buscar en esta ocasión un ejemplo de otra disciplina. Curiosamente, la música, claro.
Los mejores ejemplos —o al menos los que tengo más próximos— son de Takemitsu, pero es preferible reservarlos para un próximo artículo, así que hablemos un poco del Jardín del sueño de amor, de Messiaen, en su sinfonía Turangalîla.
Turangalîla es una de las escasas tres obras de Messiaen que celebran el amor humano en contraposición al divino, llamadas normalmente el ciclo de Tristán e Isolda. La idea que subyace tras este sexto movimiento es que amado y amada duermen abrazados en el jardín, tan compenetrados que, por momentos, no saben quién es él ni quién es ella. Messiaen emplea para ello muchos de los símbolos que le son propios —los tecnicismos musicales que siguen no van a ser indispensables para entender el argumento—: una armadura de clave de seis sostenidos para los instrumentos que representan a Tristán e Isolda trascendidos, armadura sin alteraciones y cantidades ingentes de pájaros para representar la naturaleza (el jardín), y todo tipo de los recursos rítmicos mas amados por el maestro. El resultado es una de las músicas más maravillosas imaginables.
Los símbolos aludidos no son perceptibles en la escucha —al menos no la mayoría—. De hecho, la armadura de clave de seis sostenidos es ineficiente: de forma constante Messiaen necesita introducir cancelaciones de alteración, así como introducir gran cantidad de alteraciones en la parte de la naturaleza. Eso, si tomamos como única consideración la facilidad de lectura. Sin embargo, el extraordinario efecto de la obra revela que el uso de esos símbolos ha sido inspirador para la composición. Resulta, por lo mismo, más que adecuado, necesario.
Este tipo de símbolos son no ya privados, sino por completo alógicos. Cada autor tiene las asociaciones privadas que le han deparado su experiencia y emociones. En este sentido, el significado del símbolo es arbitrario. Sin embargo, asumiendo que el autor sea bueno, este tipo de simbolización siempre funciona. La clave está en que despierta en el autor las resonancias adecuadas, y por ello encuentra los medios para la expresión.
Consideraciones varias, de menor importancia, y que, por referirse a detalles en los comentarios pueden ser obviadas. Háganme ustedes caso y no las lean, salvo que asuman que no tienen gran relación con lo recientemente tratado
Creo que es el título más largo que escribí nunca. Bueno, al grano.
Historicidad: uno de los comentarios que más me extrañaron es en el que se dice que faltan conocimientos de historia de la música como para entender todo. Me resulta raro, todos los ejemplos referidos me parecen autoexplicativos. Quizá, sin embargo, convenga aquí explicar algo, por si a alguien le resulta preciso. El mito de Orfeo es eso, un mito, no es histórico. La santa LOGSE, nunca suficientemente bien ponderada, ha producido una carencia en ese tipo de conocimientos. De las varias veces en que me encontrado con esta duda, la más entrañable fue hace tres años, cuando uno de los más excelentes alumnos que he tenido me preguntaba por qué no quedaban partituras de Orfeo. Estoy casi seguro de que no le convencí.
Simbologías; ningún arte, minimalismo incluido y pintura abstracta incluidos escapa al uso de símbolos. Cosa diferente es que escapen al uso de significados o relatos. Por lo mismo, es atinado el comentar que expresividad y simbología son cosas diferentes.
Extensión de los comentarios: en vista de que hasta el momento no me he quejado nunca de la longitud de ningún comentario, encuentro innecesario que os disculpéis cuando os explayáis un poco —eso además, alarga aún más el comentario—. En casos en que la longitud os resulte seriamente preocupante, lo mejor es que dividáis el contenido entre varios comentarios consecutivos, más que nada, por comodidad del lector.
Ave atque vale.
Posted by Carl Philip at 05:01 PM | Comments (9)
Enero 04, 2005
Simbología musical de Takemitsu (1)
Preliminares. Necesidad de símbolos en el arte. Tipos de símbolos, con ejemplos no musicales. Brevísima aproximación a la simbología en música, como preparación a un próximo artículo en que nos centraremos en los símbolos takemitsianos.
A la hora de comprender la música de Takemitsu, es importante entender el papel de los símbolos en la misma. Comencemos por explorar brevemente su cometido en el arte en general.
Símbolos en el arte
Todo lo que puedo hacer es trabajar los símbolos. La magia y la belleza llegarán de tu propio pasado, de tu presente, de tus esperanzas y de tus experiencias.
Cordwainer Smith (seudónimo de Paul Linebarger)
Esta cita resume de forma muy adecuada el papel de la simbología en las artes. Dado que la comunicación exacta de qué pretende un artista es imposible, tenemos que hacer uso de elementos compartidos por la audiencia para poder alcanzar una comprensión suficiente. Cada uno de estos elementos, para cada persona que acceda a ellos, estará mediatizado por su experiencia personal del mismo.
Tomemos, con ayuda de Borges, un caso extremo: las kenningar.
El aniquilador de la prole de los gigantes
Quebró al fuerte bisonte de la pradera de la gaviota
Así los dioses, mientras el guardián de la campana se lamentaba,
Destrozaron el halcón de la ribera.
De poco le valió el rey de los griegos
Al caballo que corre por arrecifes.
Las kenningar son un recurso de la poesía islandesa de alrededor del año 100. En el ejemplo que acabamos de ver, es claro que se nos escapan una serie de significados, por no disponer de experiencia suficiente con la simbología implicada.
El conocimiento de que el aniquilador de la prole de los gigantes es Thor; el guardián de la campana, un sacerdote; el rey de los griegos, Jesucristo; y que el bisonte de la pradera de la gaviota, el halcón de la ribera y el caballo que corre por arrecifes, un barco, nos permiten entender el contenido:
Thor destrozó un barco cristiano mientras un sacerdote se lamentaba.
Casos menos extremos —o quizá simplemente menos ajenos a nuestra experiencia— los encontramos continuamente. Miles son los cuadros que se valen de la crucifixión o de figuras mitológicas para transmitir su mensaje. Miles los libros que emplean desde vampiros a señores oscuros como encarnación del mal.
Aunque el tema tiene gran interés, vamos, por el momento, a dejarlo aquí.
Tipos de símbolos
Podríamos dividir en dos los tipos de símbolos empleados en las artes:
- Los que se relacionan con significados potencialmente en conocimiento de la audiencia. Los llamaremos universales.
- Los que pertenecen al mundo privado del artista, que, incluso si los hace explícitos, va a depender de la complicidad del público para intentar entenderlos. Los llamaremos privados
Símbolos del primer tipo están presentes en todas las artes, notablemente en las visuales.
Pongamos por caso este cuadro de Jean Delville: Orfeo.
Incluso sin saber el título del cuadro, su potente simbolismo nos indica cuanto necesitamos: la lira nos indica que la cabeza pertenece a un músico. Músicos decapitados cuya cabeza fuera arrojada a las aguas, sólo conocemos uno: Orfeo tras ser desmembrado por las ménades. La serenidad del rostro tras asesinato tan violento —uno de los detalles más tristes de esa pintura— nos hablan de la paz, casi del deseo de muerte de Orfeo tras perder a Eurídice.
Símbolos del segundo tipo son también frecuentes:
Aquí vemos un fragmento del Tríptico de las delicias, del Bosco, concretamente el conocido como El infierno musical. Es obvio que se está castigando a gente y que hay una relación con la música, pero no el motivo, la razón. ¿Se castiga así a la gente que en vida escuchó música lasciva? ¿Se representa a los músicos que se han integrado tanto con su instrumento que han olvidado cuál es la razón para tocarlo —y por extensión, a la gente que se ha instrumentalizado y ha perdido de vista el objetivo—? Esas y otras interpretaciones tiene. No cabe duda de que el Bosco pretendía en gran parte —salvando los significados alquímicos que los iniciados conocerían— que el significado lo pusiéramos nosotros.
Símbolos en música
La música, por su naturaleza de lenguaje que elude contenidos concretos, es quizá más rica en simbolismos privados que universales.
Algunos ejemplos de símbolos más o menos universales serían los miles de imitaciones del canto del cuco, La gallina de Rameau, todos los pájaros de la obra de Messiaen, Los gritos de París, de Janequin, las innumerables referencias al agua por medio de arpegios…
Mucho más frecuentes son los del segundo tipo: los cabalismos numéricos de todo tipo en la obra de Bach, la asociación mozartiana de Mi bemol mayor y La mayor con la trinidad (ambas tonalidades tienen tres alteraciones), el minueto sobre el nombre de Haydn de Ravel, toda equivalencia de letras con notas y/o duraciones, los leit-motivs…
En el siguiente artículo exploraremos los símbolos de Takemitsu, que son, casi siempre, privados.
Posted by Carl Philip at 05:19 PM | Comments (15)
Diciembre 17, 2004
Borrachera bachiana
He dudado antes de mandar este artículo. Pero, simplemente, me habría parecido desleal ocultar esta información. He recogido este mediodía en Correos la versión de Helmuth Rilling de la obra completa de Bach. Baratísima (a euro el disco). Por no pecar de publicidad, no doy los datos —esta versión se vendía hace no tanto por casi 1000 euros, ahora por 171, sin ninguna ilegalidad de por medio—, aunque los puedo dar por e-mail, si alguien los quiere. Esta tarde escuché La ofrenda musical, Los catorce cánones y La pasión según san Mateo. Por el momento, versiones impecables, cuando no excelentes. Ahora mismo estoy con la sonrisa tonta de un adolescente enamorado. Mucho más aún, cuando la versión de su obra completa que tenía hasta ahora era muy desigual. Espero que hagan alguna vez el mismo tipo de rebaja sustancial con la edición Bach 2000, cuya parte de órgano es difícilmente superable. O al menos que la reediten —anduve mal de dinero cuando era comprable—. En todo caso, estoy feliz. La pasión según san Mateo es obra que sólo me permito de vez en cuando, por no perder el placer que me da. Las decisiones de Rilling, son a veces cuestionables, pero llevo una tarde bachiana maravillosa.
Posted by Carl Philip at 10:23 PM | Comments (17)
Diciembre 11, 2004
Bartók: una introducción (2yc)
Declaración sobre el uso de ejemplos. Análisis de la Broma campesina. Una pregunta sobre el formato de estos artículos. Actualización del 15 -XII-2004
Declaración de uso de ejemplos
El autor de este artículo, ante el vacío legal, informaciones contradictorias y falta en general de conocimiento por parte de la ley del manejo de Internet, declara:
- Que va a usar extractos de obras recientes, entendiendo que está protegido por el uso pedagógico legítimo, tanto más cuanto que no hay el más mínimo propósito de lucro, como puede comprobarse estudiando esta Web.
- Que en ningún caso va a hacer públicas partituras completas de obra alguna, con lo que, si acaso, está fomentando la compra de las partituras.
- Que los ejemplos serán siempre copiados por el autor, nunca escaneados o fotografiados.
- Que está dispuesto a retirar los ejemplos en el mismo momento en que una fuente que identifique su fiabilidad le informe, vía e-mail o por carta, de que considera ilegítimo el uso estos ejemplos.
- Que esta declaración es extensiva a todo el resto de esta Web.
Os pido disculpas por comenzar así un post, pero no podía soportar la idea de que no hubiera ejemplos en los futuros artículos.
Análisis de la Broma campesina
Por si se os ha olvidado, la Broma campesina suena así.
La pieza está basada en un uso muy inteligente del modo superlidio. A este modo le aplica dos inflexiones (se definieron en este artículo): una inflexión de quinta descendente, análoga a la relación dominante-tónica, y una de tercera menor descendente —intervalo inflexivo que, posiblemente por su relación con las escalas pentáfonas, Bartók emplea con la mayor asiduidad—. Aquí tenéis un mínimo ejemplo de cómo suena un superlidio al que se aplica esta inflexión.
El uso de esta inflexión provoca la aparición de un MI bemol, dentro de una escala que no lo tiene incorporado (DO- RE- MI- FA#- SOL- LA- SI bemol). Como ya se dijo en otro artículo, este tipo de empleo de notas no incorporadas a un modo como inflexiones les da una extraordinaria fuerza.
Comienzo
Uno de mis profesores me explicó una vez que para analizar la música dos de las preguntas más importantes que uno puede hacerse son:
- ¿Dónde termina el comienzo?
- ¿Dónde comienza el final?
La obra comienza con un despliegue casi completo del modo superlidio, de forma escalística sumamente enérgica —por cierto que con un tipo de perfil que volveremos a encontrar, sobre el mismo modo, en la extraordinaria Sonata para dos pianos y percusión—. Esto ocupa el primer compás. En el segundo, la voz del bajo asume la inflexión de quinta descendente, planteando un SOL que caerá en DO en el compás siguiente. La voz superior asume la inflexión de tercera menor, con la aparición de MI bemol, que también caerá en DO en el mismo punto.
Inmediatamente después, en un proceso claramente recursivo (se habló de recursividad en música aquí y aquí), replantea todo el material una quinta por encima, en el nivel SOL (es decir, sobre una de las dos inflexiones que ha elegido para el modo). Esto nos plantea dos inflexiones secundarias (RE hacia SOL, SI bemol hacia SOL), que acaban dando un gran poder resolutorio al SOL.
Existe una ligera discrepancia en la repetición a la quinta alta: el comienzo que debería haber sido RE, SOL, se cambia por DO, SOL. Es perfectamente explicable por el deseo de que no se pierda la sensación de centro tonal DO, además de corresponder a la perfección con el mecanismo de mutaciones de las fugas —de las que podríamos hablar algún día—.
Llegados a este punto, Bartók ha indicado a nuestros oídos cuáles son las reglas del juego. El comienzo ha terminado, dejándonos con una sensación claramente no conclusiva: necesitamos una resolución contundente, y se nos va a proporcionar en forma inmediata.
Expansión, crecimiento
Me resulta personalmente muy sospechoso el término desarrollo cuando hablamos de música no tonal. Siglos de imperio de la forma sonata han hecho que no entendamos fácilmente que hay otros tipos de desarrollo —incluso, por cierto, en la propia sonata—. En su lugar, emplearé expansión o crecimiento.
Aquí el autor replantea el modo superlidio sobre un nivel FA, por razones que consideraremos dentro de un momento. Antes necesitamos hablar durante unos minutos de algunas consideraciones melódicas de las notas inflexivas.
Puesto que las inflexiones ajenas a un modo van, naturalmente, a crear interválicas que no están, en general, presentes en el mismo, es en ocasiones necesario modificar algunas notas del mismo, para evitar sonoridades indeseadas.
Aunque los motivos son algo distintos, aquí tenéis un ejemplo absolutamente característico de ello en música de tipo andalucista. escuchad con atención las cinco últimas notas y sabréis a qué me refiero.
En el ejemplo de Bartók, el LA bemol corchea es la nota inflexiva hacia FA. El SOL bemol situado entre ambos es la nota que ha querido modificar. A partir del FA plantea una desinencia con SOL y LA naturales que cumple un doble propósito:
- Deja claro cuál es el modo con que estamos trabajando.
- Aumenta la cantidad de cromatismo en un momento de crecimiento, lo que, naturalmente, es muy favorable.
Actualización: olvidé añadir que el cuarto grado, si, se convierte en si bemol por la misma razón que la y sol se vuelven bemoles. Otra posible explicación, basada en cambios de modo la proporciona Daniel Roca en un comentario que podéis leer abajo. Fin de actualización
Va a repetir este giro tres veces, respectivamente en los niveles FA, SI bemol y MI bemol.
No debemos olvidar que MI bemol es la nota inflexiva que Bartók ha creado para caer en DO. Ello explica por qué el comienzo del proceso se da en FA. Desde FA caemos a SI bemol (inflexión de quinta descendente), desde allí a MI bemol (misma inflexión), y desde allí se unen la inflexión MI bemol->DO y SOL->DO para propiciar una fenomenal resolución en el centro tonal de la obra (DO). El proceso es similar al de tomar "carrerilla" para dar un gran salto, lo que Bartók alcanza con pasmosa facilidad y belleza. Aquí hemos alcanzado uno de los puntos estructurales de la obra de mayor importancia, y, como hemos visto, gracias a un uso recursivo del mecanismo de inflexión.
El resto
No es que no hay cosas de gran interés en el resto de la obra: es que no las necesitamos por el momento. En cualquier caso, lo que hay es una repetición de la misma estructura comienzo/crecimiento, donde en esta ocasión canta el bajo, acompañado por una idea francamente percusiva. Para quién disponga de la partitura, puede ser de interés ver como el mecanismo inflexivo se hace armónico en los compases 17 y 20. Por último, una nueva repetición del mecanismo de crecimiento, nuevamente en la voz superior, octava alta de la primera vez, nos conduce a un convincentísimo final.
Sobre el resto de la serie
Por lo que preveo, no va a ser necesario en el futuro hacer una subserie tan larga como esta, siempre y cuando lo aquí contado haya resultado de claridad suficiente (de no ser así, abajo podéis hacer las preguntas pertinentes).
Una pregunta independiente
En estos artículo estoy poniendo los archivos midi de forma que se abran en ventana independiente, de forma que no haya que interrumpir la lectura si no se desea. Los vínculos a otros artículos, en cambio, los pongo de forma que se abran en la misma ventana, en la suposición de que no váis a leer dos artículos a la vez. ¿Resulta suficientemente práctico o preferiríais otra cosa?
Posted by Carl Philip at 03:58 PM | Comments (14)
Diciembre 10, 2004
Mirlo blanco
En un 10 de diciembre, en 1908, nació Olivier Messiaen, a quién Luis de Pablo define como el artista más grande del siglo XX. Los pájaros nunca volverán a ser los mismos desde que nos ha dejado.
Posted by Carl Philip at 11:32 AM | Comments (5)
Diciembre 08, 2004
Bartók: una introducción (2b)
Introducción al concepto de recursividad en música. Ejemplos tonales.
En el anterior artículo de la serie definimos las inflexiones como polarizaciones de una nota (nota inflexiva) hacia otra (centro tonal). Hoy vamos a ver cómo el empleo recursivo de esta técnica contribuye a la creación de forma.
Recursividad
Sería quizá conveniente, para quien así lo desee comenzar por releer este artículo sobre recursividad, de este mismo weblog. Anticipando preguntas sobre la relación con las fractales —ya ha habido algunas—, daré mi opinión:
- Efectivamente, la mayoría de los procesos que se suelen denominar fractales dentro de la música, son procesos recursivos.
- Cualquier matemático que oiga denominar fractal a un suceso que no implique el infinito, por pacífico que sea, puede sufrir graves crisis de agresividad.
- Se habla de fractales en música posiblemente por el auge del que gozaron hace no demasiado tiempo, sobre todo desde que es fácil generar imágenes por ordenador que las representan (un matemático tampoco estaría de acuerdo en esto: la imagen no va a contener el infinito).
Añadiré que la última vez que conté todo esto, un físico me llamó fundamentalista. Y, como indudablemente, los matemáticos que a veces pasan por aquí no van a apreciar la ligereza con que he tratado el tema, pondré este vínculo recursivo para consolarme de los inminentes ataques de unos y otros. Fuera de bromas, la necesidad de referirme a este tema y que se genere más polémica de la precisa me ha hecho retrasar el post.
Recursividad y lenguaje musical
Como ya dije en el artículo arriba aludido, que los diversos niveles de una estructura musical sean recursivos parece una cualidad altamente deseable: la reiteración en los niveles inferiores —denomino inferiores a los más superficiales, a las relaciones entre notas y acordes vecinos— de un determinado giro, nos prepara para entender el mismo concepto en niveles crecientemente superiores.
Todo lenguaje musical suficientemente elaborado de los que conozco capaz de sostener obras musicales de cierta longitud contiene elementos de recursividad. Sospecho que es una necesidad básica del cerebro para aprehender la música, sobre todo la que tiende al tiempo dialéctico.
Vamos a ver algunos ejemplos sencillos de la literatura tonal.
La inflexión básica de la tonalidad es la dominante buscando la tónica: (D->T). Ello lleva a que una de las estructuras musicales más comunes sea T D T. Acordalmente, podríamos verlo en este ejemplo.
Pero podríamos considerar que la dominante se comporta como una tónica y aplicarle, de forma local, su propia dominante (ver los cuatro primeros acordes del siguiente ejemplo), consiguiendo así que la inflexión se aplicara sobre sí misma de forma recursiva. Igualmente, podríamos aplicar su dominante local a cualquier acorde que tenga la posibilidad de ser tónica.
Aquí tenemos los ocho primeros acordes del coral de Bach Ach Gott und Herr.
En el gráfico las tes representan tónicas y las des dominantes. El que estén en mayúsculas o minúsculas, con cursiva o sin ella, representa diversos niveles estructurales (aún para ser obra tan sencilla, hay muchos). Se puede observar que sólo una pareja de acordes (sexto y séptimo) se libra de estar dominada por el fenómeno dominante/tónica. (Nota para armonistas: estoy considerando la dominante como función, no como grado, de ahí que considere dominante al séptimo acorde).
Ejemplo de mayore niveles estructurales, los hay en abundancia. He elegido un ejemplo del primer movimiento de la sonata en la menor, K 310 de Mozart, en parte por ser buen ejemplo, en parte por la transliteración de números con la pieza 130 del Mikrokosmos a la que se dedica esta subserie.
El ejemplo corresponde a los compases 58 a 69 de la obra, está integrado dentro del desarrollo, y, separado del resto de la sonata suena así.
El análisis no podrá ser profundo porque requeriría que asumiese conocimientos armónicos algo extensos de mis lectores, cosa que no tiene por qué ser así. Baste decir que los cuatro primeros compases están fuertemente basados en si, que es dominante de mi (que penetra completamente los cuatro compases siguientes), que a su vez es tratada como dominante de la (que invade los cuatro compases siguientes), que a su vez es tratada como dominante de re (viene inmediatamente después del ejemplo). Sobre estas mesoestructuras encontramos constantemente otras relaciones dominante/tónica de niveles inferiores.
Un truco semejante es el que emplea Bartók en la Broma campesina, como veremos en el siguiente artículo.
Posted by Carl Philip at 06:29 PM | Comments (2)
Diciembre 03, 2004
La efemérides
El 3 de diciembre de 1883 nació Anton Webern.
Posted by Carl Philip at 04:49 PM | Comments (3)
Diciembre 01, 2004
Bartók: una introducción (2a)
Primer artículo dedicado a "Broma campesina"
Nota preliminar sobre el Mikrokosmos
El Mikrokosmos es un conjunto de piezas destinado a la educación de jóvenes pianistas. En este sentido, comienza con algunas obras extraordinariamente sencillas, destinadas a colocar los dedos sobre las teclas, y acaba con algunas francamente complejas —instrumentalmente hablan