Diciembre 16, 2006
Hermoso regalo navideño
La fundación Mozarteum pone a disposición de todo el que lo quiera las partituras completas de Mozart. No podrían haber buscado un regalo de Navidad más apetecible. Gracias. ¡Y la edición es excelente!
Posted by Carl Philip at 12:20 PM | Comments (2) | TrackBack
Julio 16, 2006
Off—Topic: Anansi boys
Ya en una entrada anterior tuve ocasión de hablar de Neil Gaiman. Pues bien: acabo de leer Anansi boys, uno de sus más recientes libros. Tengo que decir que hacía mucho, muchísimo tiempo que no disfrutaba tanto una lectura.
Gaiman siempre tiene una vena mítica, cosa que me suele interesar sobremanera. Por otro lado, como se demuestra en sus volúmenes de relatos cortos, es un excelente artesano, con un dominio completo de todos los géneros y del arte de narrar.
Reunamos todo esto y saldrán maravillas como Sandman o American gods, lo cual es excelente.
Lo que nunca hubiese esperado es un perfecto libro humorístico —a la inglesa—, a la altura de lo mejor de Woodehouse o Pratchett, con unas referencias de mitología africana en que todo, además, estuviese excelentemente contado. Personajes frescos, situaciones increibles…
Es decir: lo recomiendo.
Posted by Carl Philip at 12:55 PM | Comments (2) | TrackBack
Octubre 25, 2004
Boulez: un libro nuevo
Pequeño comentario del mismo.
Hoy he podido hacer una visita, que tenía pendiente desde hace tiempo, a una librería especializada en música que abrieron hace poco. Lamento que dar sus datos fuera caer en flagrante publicidad, porque el sitio y el trato me han encantado. Además, encontrar sitios donde vendan partituras es (moderadamente) fácil, pero libros de calidad sobre música es casi imposible. Siempre hay los dos o tres mismos títulos. Así que volveré a menudo.
Sí, lo confieso. Cayeron algunos libritos. ¿Alguien sabe si se pueden colocar estanterías en los techos? Un par sobre mitología y música, un encargo sobre Takemitsu y un librito breve sobre Boulez, bellamente titulado La escritura del gesto (Conversaciones con Cécile Gilly).
Su lectura me ha interesado mucho. Se centra mucho en su faceta como intérprete —un director también lo es—, e incluso cuando habla de su faceta compositiva se enfoca a menudo en los aspectos interpretativos. Es, en este sentido, un excelente complemento a los otros libros de un Boulez más joven, orientados hacia la técnica compositiva.
Llama la atención la humildad que muestra durante todo el libro, ejemplo que pudieran aprovechar gentes de mucha menor valía y mucha menos carrera por detrás. También su tono. Del Boulez tan lleno de ideas que salían dos por frase en su juventud, pasamos ahora a una expresión calma, serena y sabia. Bach nos conceda a todos madurar con tal hermosura.
¿Les parece a ustedes bien que comentemos algunos contenidos del libro? Frases muy cortitas, para estar dentro de los límites legales del "uso legítimo".
Esta visión tremendamente compartimentada del conocimiento es grotesca y absurda, por no hablar de la injustificada arrogancia de unos tipos que se creen depositarios del patrimonio, que desconocen hasta extremos insospechados la música contemporánea y por quienes apenas siento respeto.
Ésta, sobre la compartimentación de conocimientos musicales. También la siguiente.
Pero que menos abunda, incluso hoy, son sin lugar a dudas los grandes directores musicales. Podemos contarlos con los dedos de una mano. Y por muchos motivos. En primer lugar, por falta de cultura. Apenas conocen la literatura musical en toda su extensión y se limitan a un repertorio restringido. En segundo lugar, por falta de gusto: carecen de la inquietud por descubrir, no saben intuir en qué puede convertirse una nota. En tercer lugar, porque es preciso saber gestionar artísticamente una institución de modo que, sin maltratar al público, podamos hacer que cobre conciencia de la evolución ineludible del lenguaje y la sensibilidad.
De mí se decir que cada vez que veo una programación de la temporada de una orquesta, me echo a temblar. O programan las sinfonías de Beethoven hasta el hastío —hay mucha más música, incluso del propio Beethoven, ya comenté en otro artículo que el repertorio habitual está siendo cada vez más restringido— o nos encontramos con conciertos sólo de estrenos. Eso cuando no se mezclan las dos tendencias. Hay excepciones, pero son demasiado pocas.
Es preciso decir que los directores que se presentan no tienen ninguna formación en el terreno de la música contemporánea; no es culpa suya, sino de los conservatorios o de las academias, que ofrecen una formación muy pobre en este sentido. Y me refiero al siglo XX en general.
Pues en este sentido no se cumple lo de Spain is different. Lástima. Quiero creer que un estudiante de, por ejemplo, literatura, no ignora la obra de Borges, Cortázar, Vargas Llosa… Garantizo que un estudiante típico de conservatorio sabe poco de Falla, Bartók, Stravinky… Y sólo hablo de los autores más antiguos del XX. No es su culpa. Vienen a que les enseñemos. A ver si alguien con mano en los planes de estudios pasa por este weblog y se da por aludido.
Si bien es algo excepcional que un científico posea una cultura musical sólida, es aún más excepcional dar con un músico cuya cultura científica también lo sea. Sería ilógico considerar estas proezas como la norma, y no bastaría una vida para empaparse de los conocimientos especializados que implican ambos universos
Lo que admiro, y se da, aunque en contadas ocasiones, es que un científico llegue a penetrar en la mente de un músico y entienda, no sólo lo que éste quiere hacer, sino también por qué quiere hacerlo, y que sea capaz de traducirlo en un sistema de pensamiento propiamente científico. Debería existir también un esfuerzo recíproco por parte de los músicos.
Quién lea habitualmente estas páginas, no se sorprenderá si digo que aquí suscribimos por completo este tipo de pensamiento. Un poco más al respecto:
…provocar un intercambio, no sólo de personas sino de culturas; debería existir una cierta actualización de las relaciones más genéricas entre la cultura científica y la cultura musical, en un determinado territorio común. Sea como fuere, no debemos caer en la ilusión de una transcripción exacta de un campo al otro; como quiera que los parámetros de ambos están delimitados, la literalidad de semejante transcripción no es convincente, y acumula los riesgos de lo superficial y de lo absurdo.
Hablábamos no hace tanto de la imposibilidad de traducir artes. Es claro que traducir ciencias representa al menos los mismos problemas. Es justamente mi máxima objeción a determinados usos analíticos y compositivos que pretenden emplear razonamientos matemáticos, biológicos, físicos o filosóficos sin una formación suficiente en esos campos. Otra cosa distinta es el uso creativo de analogías, que, mientras sean fértiles, es siempre válido.
Por poner un ejemplo —hay miles—, me parece que hablar de la PC (pitch collection) [0, 2, 4, 5, 7, 9, 11] en lugar de la escala mayor es un caso de cientifismo mal encaminado. La prueba es que han acabado por ponerle un número. Hay muchos casos en que hablar de una escala en términos de su vector interválico resulta claro y útil. Pero más que una taxonomía de escalas o modos necesitamos una clasificación funcional de los mismos, de la forma de usarlos, y esa no vendrá de sus vectores, sino de otras características, que son también estudiables.
En cambio, lo que me encantaría es que el mundo de la música, al menos el de la teoría musical y el análisis, abrazara el método científico. Nada de verdades absolutas, cualquier teoría puede y debe sustituirse por otra que explique mejor los mismos hechos, sobre todo si además explica otras cosas, y basar las conclusiones en pruebas sólidas, no en el carisma personal o la fama del proponente. Ya habrá quien me haga pagar este comentario o piense que con ello desvirtúo la pureza del arte. Todo por no ponerse a mirar la definición de método científico. Para mí, ninguna disciplina moderna puede permitirse el lujo de ignorarlo, no al menos sin grave peligro de su credibilidad y posibilidades de expansión.
El repertorio del siglo XX no suele aparecer en muchos programas, una de las razones de la hostilidad que suscita en ocasiones la música actual. ¿Cuántas veces una pieza como el opus 16 de Schönberg se interpreta a lo largo de una temporada? Prácticamente ninguna. También es culpa de los directores de orquesta, que siempre dirigen el mismo repertorio, Me parece lamentable que, para muchos, el repertorio se detenga en Mahler. ¡Hace treinta años, nadie conocía a Mahler!
No podría estar más de acuerdo.
Bueno, otro día hablamos más de Boulez.
Posted by Carl Philip at 06:26 PM | Comments (15)
Octubre 21, 2004
Entrevista con Neal Stephenson
Neal Stephenson es un autor de novelas de lo que, en su caso, ya ha trascendido la ciencia ficción —poca ciencia ficción puede ser una novela rigurosamente histórica sobre Newton o LeIbnitz—. Su obra me interesa sobremanera, sobre todo la reciente. Es de los pocos autores que tienen una idea clara de qué ha sido el pasado y qué es el presente, así que me parecen fiables sus opiniones —escasas y mesuradas— sobre el futuro. Se ha dejado entrevistar por Slashdot —la mayor pandilla de "geeks" del planeta—, que le han hecho preguntas justas y otras malintencionadas. Me parece de gran interés su opinión sobre el futuro del negocio editorial y sobre el artista en general. Otras cosas, como la malvada pregunta sobre quién ganaría en un duelo con otro autor, las responde como merecen, con burla inteligente. Vaya, que hay cosas de gran interés y otras que simplemente están bien. Yo le daría un vistazo. No cambiará el curso de las estrellas, pero hay cosas inteligentes bien dichas, y obviedades de las que no lo parecerán hasta dentro de mucho.
Pronto espero volver al ritmo normal del weblog.
Posted by Carl Philip at 12:32 AM | Comments (0)
Junio 22, 2004
Música, ciencia ficción, Crumb y Takemitsu
Sobre la imaginación de autores y cineastas. Sobre la imaginación, también, de Takemitsu y Crumb.
Los que me conocen, saben que soy amante de la ciencia ficción, aunque más de la literaria que de la cinematográfica. Ayer tuve ocasión de ver un episodio de Star Trek TNG. Para mi disgusto, uno de los personajes resulta ser un aficionado al jazz, en pleno siglo 24 —nada contra el jazz, sólo contra el anacronismo—. Las músicas que se tocan o cantan por parte de los personajes, son melodías populares americanas actuales. Y los Klingon cantan “Cumpleaños feliz”.
Recuerdo en la serie original a Spock tocando una especie de arpa vulcaniana. Y a Uhura, cantando un tema vagamente impresionista. Parece que en esta serie sabían que el futuro será diferente. Por no hablar de que diferentes planetas —por no hablar de diferentes especies— tendrán distintas músicas.
Es, creo, el único recuerdo que tengo de que en una serie o película de ciencia ficción se haya explorado el futuro de la música. Mejor fortuna ha tenido en la literatura. Viene inmediátamente a la cabeza Jack Vance, que llega a retratar en Lampara de Noche un congreso de musicología —por cierto que con más de un punto de contacto con Congreso de Futurología de Lem—. También en otros de sus libros se exponen todo tipo de ideas sobre la música. Está el maravilloso pueblo sirenés, en que los humanos adaptados a este sitio en lugar de hablar cantan, acompañados por instrumentos cuya elección revela la consideración hacia el hablante. Y especulaciones innumerables sobre la posibilidad de entender la música de una cultura diferente.
Recuerdo a Philip K. Dick, que se arregla bastantes veces para meter a Bartok en su obras. A Connie Philips, que en no pocas ocasiones habla de la música del siglo XX. Y a muchos otros.
Pero ésta no es una entrada sobre ciencia ficción, aunque me tienta.
George Crumb tiene un artículo titulado Música: ¿tiene futuro? en el que especula si es posible que un planeta lejano (vista la enorme resistencia que se da en este sistema solar a la música de nuestro tiempo) tenga una civilización que dure un millón de años en la que no se produzcan cambios musicales. Contesta que no, claro.
Habla también en el artículo de que piensa que todas las músicas del mundo empiezan a converger en una síntesis.
Y yo siempre he tenido la sospecha de que el “Star-Child”, uno de los símbolos que más aparecen en su obra tiene mucho que ver con la última escena de Una odisea espacial 2001.
Volviendo a la posibilidad o no de entender la música de una cultura diferente, pienso en Takemitsu y Japón. Después de todo el periodo de aislamiento de Japón, al parecer se decide reevaluar la educación musical de los niños, adaptando al idioma canciones populares occidentales —hasta el extremo de que parece ser que muchos japoneses creen que Auld Lang Syne es una melodía tradicional suya—.
La apertura a Occidente supuso la modernización de Japón y la llegada de una sociedad más justa. Precisamente por ello, en la generación de Takemitsu surge una gran falta de aprecio por la música tradicional, por considerarla recordatorio de un sistema político represivo. No será sino mucho más tarde cuando Takemitsu recupere su aprecio por esta música.
Y, por una parte, creo que lo comentado revela claramente que se puede entender la música de otra cultura, por parte de todo un pueblo —en este caso el japonés, que a la vista está lo occidentalizados que están ahora, que hasta ganan los concursos de guitarra flamenca—, o por parte de un compositor—Takemitsu, del que no vou a hablar de sus influencias occidentales por obvio—.
Posted by Carl Philip at 05:15 PM | Comments (9)
